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18.3.09

Los recuerdos de los pueblos (o souvenirs)



Si hay un ejercicio básico del chafardeo español es darse un paseo por la casa de alguien mirando los adornos de los muebles. Dicen mucho de los habitantes de la casa. No sólo hablan de ellos, sino también del gusto de los amigos y familiares que traen souvenirs. Si tienen el toro y la sevillana encima de la tele son poco originales. Si tienen los adornos de Navidad en pleno Julio es que son unos vagos. Y si tienen recuerdos de distintos pueblos de la geografía española es que son gente viajada. O fácilmente estafable.


Los souvenir son un elemento de la casa que no dejan indiferente. Los hay de muchos tipos, como por ejemplo los recuerdos del tipo: "Estuve en [ponga aquí el pueblo que desee] y me acordé de ti". En un principio no tienen más maldad, pero claro, dependiendo del nombre del pueblo la cosa se puede complicar. Te traen un recuerdo de O'Porriño y a ver qué cara se te pone. "Estuve en O'Porriño y me acordé de ti" "Ostiass coleeeguiii, ¿vaya fama tengo, no? Fuaa, oyee, estás como movido tío, atjó, atjó, jejeje, mooola, ¿una caladita?". No es plan.


Luego están los recuerdos que parecen que son de un pueblo o de una zona española en concreto, pero que en realidad no lo son. Por ejemplo, las famosas camisetas vacunas. Yo compré una camiseta en Galicia hace años que llevaba una vaca. La vaca salía de distintas formas, volando, haciendo surf, en una hamaca... Vamos, lo típico que hacen las vacas en Galicia, los fardos que traen desde el Atlántico y terminan perdiéndose a algún lado van a parar... La compré como curiosidad y por tener algo que pusiera "yo estuve allí". Bien. Resulta que esa misma vaca salía en camisetas de Asturias, de Cantabria y hasta si me apuras del País Vasco. Daba igual la zona del norte que estuvieras, la vaca valía para todo. Con cambiar el nombre era suficiente; y la actividad extraña que hiciese la vaca: todo menos pastar.


También es típico poner miniaturas de los monumentos típicos del lugar. El mini-acueducto de Segovia, la mini-Giralda de Sevilla, la mini-Sagrada Familia... Todo monumento existente en España, excepto los de las rotondas, tiene su versión en miniatura de souvenir. En mi casa somos aficionados a los recuerdos cuando vamos a algún sitio y cuando vienen las visitas les cobramos entrada y decimos: "Bienvenidos a España en miniatura". Y una visita cultural y una cosa que es una maravilla oigan. "A la derecha pueden encontrar la Pedrera, a su izquierda podrán ver el Escorial y las murallas de Ávila por allá al fondo, sí, justo detrás de la percha donde colgamos los abrigos". Estamos por poner un minibus en miniatura para darle más caché al invento.


Y además hay todo tipo de artilugios souvenirísticos en los que la imaginación es poder y con tal de vender algo de recuerdo se hace lo que sea. Yo que siento especial fascinación por estos objetos, compré en Andorra una pequeña bola con unos muñequitos dentro que al agitarla parecía que nevaba dentro. Sí. Esa horterada. Sí. Qué pasa. Que es muy curioso, el primer día dices: "Mira, mira" Y ya no lo agitas más en la vida, pero ahí está. Junto al reloj que no funciona con la forma de isla menorquina y el acueducto de Segovia. Mirándose entre sí. Animándo su vida inanimada. Llorando porque no los hubieran fabricado en algo más útil. Los recuerdos también tienen sentimientos.


Los souvenirs son una compra impulsiva, absurda y cara. Porque son caros. De ahí lo que decía al principio sobre las personas estafables. Es bueno no guadar los tickets de cuando compraste un souvenir, cuando se te pasa el buen recuerdo del viaje vienen los sustos. Cuando te compras un recuerdo de un pueblo sabes que te están timando, sabes que no vale para nada, sabes que en realidad es feo de cojones; pero ahí lo tienes, en la mano, suplicándote ser llevado a tu casa. Y estás tan acostumbrado a verlos adornando los muebles que ni te das cuenta que existen, ni siquiera te acuerdas por qué los compraste. Se quedan ahí, quietos, mirándote y diciéndote: "¿Qué me viste? ¿Por qué yo?" Y tú: "Calla, ¡no me estás hablando! ¡Eres un maldito souvenir! ¡Estoy loco! ¡No!" Al final, comprar tantos souvenirs no podía ser bueno para la salud. Porque, al fin y al cabo, aunque sean feos, los recuerdos jamás se tiran.

15.3.09

Grandes momentos de la música: La teta de Sabrina



El cinturón se lo dieron después de ganar en Pressing Catch

Fin de año 1987 para el 1988. Hace más de veinte años ocurrió un hecho en una gala de nochevieja que nunca jamás pudo ser superado. Millones de adultos y niños estaban viendo Televisión Española de madrugada y se dispusieron a ver un video que marcaría sus vidas de ahí en adelante. Una italiana por entonces semidesconocida, llamada Sabrina Salerno, se disponía a salir con su atuendo ochentero de chupa de cuero y shorts rotos, de esos que en realidad eran tejanos normales que cortaron y desilacharon porque... Porque era la moda. Cosas de los ochenta.


Debajo de esa chupa de cuero con hombreras, que parecían sacadas de una armadura de Guerreros del Espacio de Bola de Dragón, llevaba un pequeño ropaje parecido a un corpiño con poca estabilidad. Empezó a cantar y a contonear su joven cuerpo y un escalofrío estremeció a todo un país antes de que las mamachicho se apoderaran de la televisión. Sabrina comenzó a saltar mientras gritaba "boys, boys, boys" y la gravedad hizo el resto. Su teta salió disparada del corpiño y media España babeó. La otra media eran las mujeres que estaban abofeteando a su marido. "¡Guarro! ¿¡Qué miras!?" Como si fuera culpa suya que la mujer hubiera sacado una teta. Los que estaban solteros en aquella época hicieron lo correspondiente: rezaron un Padre Nuestro y se flagelaron; lo típico. Y los niños notaron un cosquilleo que jamás habían sentido en la vida. Sabrina les despertó el instinto del bebé que llevaban dentro. "Mama, teta, mama, teta"


Yo tenía apenas cuatro años en aquella época, pero después de vacaciones era el tema principal en parvulitos. Se siguió hablando del tema durante años, fijaros, año 2009 y la teta sigue en nuestras mentes. La pregunta es: ¿fue intencionado? Ahora todos conocemos lo de los anuncios virales en los que algo que parece casual en realidad es una mega campaña de promoción. Al fin y al cabo, después de enseñar media teta, Sabrina se hizo famosísima y vendió discos como churros. Si hubieran entrevistado a pie de calle a los compradores de los discos seguro que dirían que lo compraban por el folleto de las fotos. Más o menos como cuando las niñas de hoy en día se compran los discos de Bustamante. La masturbación también vende discos, amigos.



Esta es la foto con más ropa de esta mujer en Google Images. Y con más chapas.

Por todo ello, yo creo que algo intencionado sí que era. Con esa ropa y esos botes, sabiendo el volumen que tenía, ella sabía que en algún momento se le saldría. Y el público también. Nadie escuchaba la canción, la gente miraba el escote, tanto hombres como mujeres. Daba igual. Todo el mundo estaba concentrado en el corpiño blanco. Al fin y al cabo la canción no valía tres mierdas, era como la mayoría del pop comercial de los 80: caja de ritmos y estribillo pegadizo con sonido de Casio tuneado. Bazofia pura y dura. Pero todo el mundo se sabía la canción. Bueno, se la sabían a su manera: "boiiis bois booisss, aluki fordeguchaaiii, bois bois boisss amredi guachimai" En España no se canta en inglés, se canta en guachimai, que mola más.


Cuando volváis a visionar el video podréis apreciar cómo el público no para de silbar. Lo raro es que Sabrina no se hubiera caído al suelo al acercarse un poco al público de tanta baba que cayó al suelo. Cuando terminó la actuación tuvieron que entrar con cubos los regidores para achicar todo el líquido que había allí. Hubo un hombre que fue hospitalizado por deshidratación y un señor mayor tuvo un ataque al corazón. Sus últimas palabras fueron: "¡Joé qué tetas!" Lo pusieron en su epitafio, así pasó a la historia.


De todas formas, a pesar de que para la gente que estaba de público la cosa pudo ser impactante, para la gente de casa no tenía por qué haber sido tan especial. Al fin y al cabo Pajares y Esteso ya habían hecho muchas películas y se veían tetas a troche y moche. Parecía que fuese la primera vez que en España se viese un pecho femenino. Y encima en una gala de fin de año, que ya me dirás tú quién ve eso. Hoy en día se le sale la teta a cualquier cantante cutre nueva que aparezca y la gente ni se entera. Y si se entera le dará absolutamente lo mismo. A no ser que ese alguien se llame Pantoja. Entonces hablaríamos de trauma general español. El síndrome de la gala de fin de año le llamarían. Depresiones, vómitos, apatía general... El fin de la civilización tal y como la conocemos.


Os dejo con el video para que podáis constatar cómo se le sale el pecho, varias veces además, y cómo de mala era la canción:





Actualización extra:


Por esas casualidades de la vida, este miércoles en Muchachada Nuí también recordaron a Sabrina. Además, la juntaron con su antigua rival tetuda: Samantha Fox. No os perdáis este Celebrities, no tiene desperdicio.



6.3.09

Entrevista con John Henerd, el famoso presidente de Hotmail



Hotmail cierra mañana, sí, lo que yo te diga

Todos habréis escuchado alguna vez hablar de John Henerd. ¿Cómo? ¿Que no? Pues claro. Todos habréis recibido uno de esos mails en cadena en los que se anunciaba a bombo y platillo, y maracas también, que Hotmail cerraba y que el mundo se acababa con él. ¿¡Dónde íbamos a ir sin los magníficos 2 megas que nos proporcionaba el e-mail de Microsoft!? A ninguna parte. Por eso, John Henerd nos propuso que reenviáramos mails a nuestros contactos para que se activara un microchí en la sandalia y Hotmail no se cerrase. Como mucha gente no cree que este hombre exista, El mundo está loco, realizando labor social, ha conseguido contactar con él y realizarle una entrevista. Aquí la tenemos.


Yo: Buenas tardes John, bienvenido a El mundo está loco.
John: Buenas tardes morri, encantado de estar aquí con este magnífico público.
Yo: Ehm, sí. Veamos. Repasemos sus credenciales, usted es presidente de Hotmail.
John: Así es. ¿Quién lo diría, verdad? Pues hay un puesto que es el de presidente de Hotmail y lo ocupo yo con gran orgullo y devoción. Me encanta mi trabajo. Ou yeah. Esto lo digo para que se note que soy americano, ¿sabe?
Yo: Muy bien. Lo decimos básicamente para que la gente de a pie que cree que usted no existe, vea que es verdad. Pero entonces, ¿las cadenas de mails diciendo que Hotmail cerraba eran todo un bulo, no?
John: ¿Bulo? Sí, sí. Era un bulo totalmente. Ya lo ve, Hotmail sigue vivito y coleando. Ahora ya no tenemos sólo dos megas, que eh, para mí era más que suficiente. ¡Dos megas y a vivir! Lo más.
Yo: Ya. Entonces, ¿se sabe quién andaba detrás de esos mails en cadena?
John: Pues claro, los enviaba yo mismo. ¿No lo veía? Soy John Henerd, presidente de Hotmail. Vaya risas en casa.
Yo: ¿Así que usted...
John: Sí, claro. Lo hice para conseguir e-mails de chavalitas. Claro que era yo. Anda que no recibía luego mails de chicas asustadas porque Hotmail se acababa. De chicos también, pero yo no soy gay. No sabe usted lo que es capaz de hacer una adolescente por no perder su lista de contactos...
Yo: Prefiero no pensarlo.
John: También les decía quién les tenía puesto en "no admitir". Vaya berrinches se pegaban. Pero ahí estaba yo, para consolarlas. Y para que me hicieran un striptease por webcam, claro.
Yo: Estoy empezando a replantearme que no debería haber hecho esta entrevista.
John: ¿Por qué? Yo lo estoy pasando de puta madre. ¡Ou yeah! ¡Esas cervezas vaquero!
Yo: A ver, encaucemos la entrevista. ¿Qué opina usted de la competencia, Gmail? Desde que apareció sus dos megas quedaron en entredicho.
John: Esos malditos bastardos hijos de puta.
Yo: Oiga, esa lengua. Se la vamos a tener que lavar con jabón.
John: Es que cuando me hablan de Gmail me enervo. ¡No puedo con ellos! Los geeks, los geeks. Vaya gilipollez, los geeks. ¡Nosotros tenemos los hoygan! ¡Y somos más!
Yo: Veo que le pica que Gmail les coma terreno. Podría tener usted un poco más de fair play. Al menos ahora han subido su cuota de correo.
John: La presión del mercado. Yo por mí lo hubiera dejado en dos megas. Ni hubiera hecho lo de los MSN Spaces. Menuda chorrada. Eso lo han hecho para fastidiar a los epilépticos, maldita sea. Cuánto colorín.
Yo: Veo que cada día está usted más harto con la política que debe llevar con Hotmail.
John: Pues sí, ahora le llaman Live Mail no sé qué. Paparruchas. Cuando yo mandaba de verdad las cosas eran más sencillas. Ahora tengo que hacer caso a cuatro mandangas de marketing que deciden que se tiene que llamar Live Mail, Live Messenger y Livin La vida loca. Harto estoy, ¡harto!
Yo: Las cosas cambian John.
John: Sí, ou yeah. Al menos de esa época me queda Wendy, que la conocí gracias a un mail en cadena. Oh Wendy. Qué bien se desnudaba por webcam. En casa no es lo mismo. Después de casarnos engordó comiendo helado de chocolate, maldita sea.
Yo: Emmm, bueno, señor John, debemos terminar la entrevista. Encantado de haberle tenido aquí y de haber resuelto dudas sobre aquellos míticos mails en cadena. Me alegro que al menos le hayan servido de algo.
John: Gracias vaquerou. Gracias por darme esta oportunidad de darme al público. Y eh, si tienes mails de chavalitas... Ya sabes eh, aquí estoy yo.
Yo: Sssí, bien, sí. Hasta otro rato John.
John: Goodbye man!


Y así terminó la entrevista con John Henerd. Personaje pintoresco donde los haya.

3.3.09

Mentir a los niños



¡¡¿¿Que los Reyes son los queeeeee???!!

Cuando uno supera la niñez llega a una demoledora conclusión: hemos sido víctimas de enormes mentiras, a cada cual peor. Constantemente los mayores mentimos a los críos. Con cualquier excusa. La gente puede pensar que los niños son cada día menos inocentes, pero siguen siéndolo. Les puedes contar cualquier trola que acaba colando como seas mínimamente creíble. ¿Por qué se les miente tanto a los niños? Pues porque es fácil, muaaajojojojoo. Sí, reconozcámoslo con risa maquiavélica. Nos gusta regodearnos en la inocencia de la chavalería y ver como terminan dándose cuenta de la bola que les hemos encalomado. Es como estar continuamente en un 28 de diciembre. Divertidísimo


A todos nos la han colado de pequeños. Hemos tragado con todo tipo de mentiras que han ido desde conspiraciones mundiales, es decir, mentiras comúnmente utilizadas por los padres de medio mundo; hasta mentirijillas ocasionales para que dejemos de llorar y hagamos lo que nuestros padres dicen. Por ejemplo: "Deja de jugar a la consola que te van a salir antenas". ¡Que te van a salir antenas! Pues algún crío se lo ha creído y ha soltado el mando. "No voy a ser yo el que lo compruebe, bastante tengo con que me llamen cuatroojos para que ahora me llamen, ¡cuatroojosdosantenas!" La escuela es un lugar tan duro.


Pero los padres dicen esas mentiras sin inmutarse. Y como cuela, pues practican la mentira a mansalva. Como engañarte metiendo ingredientes que no te gustan en la comida a escondidas. "Mamá, ¿esto no llevará alcachofa, verdad? Sabes que no me gusta." "No hijo, esto lleva... Eemmm... Pues... ¡Chofaalca! Un ingrediente nuevo que ha inventado Arguiñano, ya verás que rica está la sopa de Chofaalca, mmmm" Y a comer se ha dicho. ¡No hay niño tiquis miquis que no acabe zampándose la sopa y no caiga en el engaño! Es que claro, ¿cómo quieren que a un niño le guste la alcachofa? No hay una verdura con peor nombre comercial que este. ¡Alcachofa! ¡Alcachofa! Parece un insulto. "Eres un alcachofo de mierda". Es lo suyo.


También nos engañaban en los viajes. Podías estar en casa tan tranquilo intentando conseguir tus protuberancias marcianas para ahorrar dinero en Carnaval y pumba, de repente aparecen tus padres arreglados: "Venga niño, ponte las bambas y péinate un poco, que nos vamos" Y tú: "¿Dónde vamos?" Y ellos: "Estooo, al parque, a los columpios, así te tiras del tobogán oxidado y aprendes a valorar el riesgo" ¿Qué mejor opción había? Pero no, no ibais a ningún parque, te llevaban a casa de una tía lejana que te importaba una mierda y en la que solo se dedicaban a hablar de cosas de mayores, es decir, enfermedades y cotilleos. Y tú en el sofá, de morros. "Niño, no pongas esa cara, a ver qué va a pensar tu tía de la educación que te damos" "¡Pues la educación del engaño! ¡Esa es!"


Es curioso como en una sociedad tan católica como la nuestra en la que uno de los mandamientos es "no mentirás", está basada en tanta trola, sobre todo con los pobres niños. Sin duda las peores son las que están arraigadas en todas las familias de la misma manera. Por ejemplo, el Ratoncito Pérez. Resulta que cuando se te caen los dientes, tienes que dejarlos debajo de la almohada. Viene el Ratoncito Pérez, coge el diente, te deja un dinerillo y se pira. Y te lo has de creer. Que piensas, ¿qué leches hará un ratón con tanto diente? ¿Se hace un collar? ¿Los revende a los dentistas? ¿Hay un mercado clandestino de dientes? Vete a saber. Lo que sí sé es que a pesar de la posible repugnancia que pueda tenerle un niño a un ratón, el simple hecho de que éste trajese dinero hacía que nos diese absolutamente lo mismo que un roedor merodease por nuestra almohada llevándose nuestros dientes a su guarida.


Por no hablar de Papá Noel y los Reyes Magos. Más mentiras acumuladas en las conciencias de nuestros padres. Un hombre gordo barbudo que viene en trineo, se mete por las chimeneas y deja regalos; o tres reyes que vienen de oriente en camellos y se zampan los polvorones que dejamos en la mesa del comedor. ¿¡Quién da más!? Pues en las comunidades autónomas, donde está el tió en Cataluña. Un tronco al que hay que darle de comer y que luego caga regalos mientras le das golpes. ¡A ver quién se cree eso! ¡A ver quién es capaz de cagar algo mientras varias personas te presionan a base de darte golpetazos en la cabeza! Con esa presión no hay quien pueda.


Pues todo eso nos tragamos cuando somos críos, hasta que un día vienen nuestros padres y nos dicen la verdad: "Hijo, tenemos que contarte una cosa, ahora que ya has cumplido los 18 podemos decírtelo" Bueno, lo cuentan antes en realidad, era una dramatización. "Hijo, el Ratoncito Pérez somos nosotros" Y tú: "Noooooooo, ¡mis padres son ratones!" "No hijo, no es eso, pero espera que Papá Noel también somos nosotros" Y tú: "¿Y los Reyes también?" Y ellos: "Sí, también los Reyes". Y tú: "¿Y no tenéis una crisis de identidad?" Debe de ser complicado mantener tantas mentiras a la vez. ¿No sería más sencillo no mentir tanto a los críos?
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