
El mundo de la peluquería es un mundo complicado. Cortar el pelo no es tan sencillo como parece, a no ser que te llames Don Limpio. Por eso, normalmente las peluqueras hacen algún tipo de cursillo, formación profesional o lo que sea para aprender las técnicas más importantes para hacer un buen corte de pelo. Aún así, muchas cuando salen de la academia tienen más peligro que un Ultrasur en la fiesta del Triplete culé. Uno ha de ir con cuidado, porque puede ser que en una de esas academias te cobren poco por hacerte tu nuevo corte, o te las puedes encontrar en cualquier peluquería de barrio que la tengan haciendo prácticas. Así pues, os voy a dar algunas pautas para que sepáis reconocer una peluquera novata de las profesionales. De nada.
Lo primero es ver su juventud. Normalmente son jóvenes, decidme perspicaz. Las reconoceréis por llevar pelos de colores, música máquina en el Ipod y chicle en la boca. Puede haber variantes, ya sea con flamenquito en el Ipod o el pelo trasquilado. A veces experimentan delante del espejo con su propio pelo. Debe de ser un espectáculo esquizofrénico el verlas cortarse el pelo a sí mismas: "Que sí que te quedará bien así" Y el espejo hablando: "No, yo te he dicho más corto de los lados y un escalado por atras y..." "Que no, que te digo yo que te queda mejor con el flequillo para alante y gomina en la parte de atrás con unas mechas rubias en el sobaco" Y así sucesivamente hablando consigo misma a través del espejo, y luchando por su pelo. Que por cierto, algo que nunca entenderé es la manía de las peluqueras por hacerte mechas. ¿Por qué?
Bien, prosigamos. Lo primero que te hacen en una peluquería al llegar es lavar... Perdón, hacerte esperar. Te hacen esperar durante tres horas y una vez han hecho la permanente a tres señoras mayores, han teñido cuatro cabelleras y cortado el pelo al vecino de enfrente entonces entras. Y te lavan el pelo. Cuando no te preguntan si te lavan el pelo es para ponerse a pensar, porque dices: "¿Qué pasa? ¿Tan sucio se ve?" Total, que vas a la pica esa y te sientas. Echas el cuello para atrás, te lo rompes, dejas la cabeza colgando y entonces la peluquera te echa el chorro de agua. Aquí os doy un truco para reconocer que es novata, permaneced atentos:Cuando menos te lo esperas la peluquera abre el grifo y te lo echa por encima del pelo y entonces tú comienzas a gritar. "aAAaaagghghhhh, ¡¡me quemo!! ¡¡Socorrroooo!! Grurraaaaa saaaaaagghhhhh ¡¡Que quemaaagghhh!! ¡¡Mis ojooossss!! ¡Estoy derretíooooo!!" Y una vez has soltado todos esos improperios la peluquera te pregunta: "Ay, ¿está bien el agua?" ¡Hija de una hiena! Que si está bien el agua pregunta la tía. Si por poco no hace falta que te corten el pelo, que ya lo tienes chamuscadito. Esa, seguro que es novata; o una hija de puta, todo sea dicho.
Pero bueno, estas cosas se perdonan, ¿quién necesita tener las dos cejas hoy en día habiendo gafas de sol? Al fin y al cabo es novata, qué se le va a hacer. No lo puede saber todo. Así pues, te pone la batita y te colocan en el asiento donde te cortarán el pelo. O eso dicen. Entonces te preguntan como quieres tu pelo, tú te empeñas en explicarle con pelos y señales, nunca mejor dicho, lo que deseas para tu nuevo corte. Da igual, no te mates, harán lo que les salga del higo. Una peluquera profesional si no te hace el corte como tú lo querías le echa a la culpa a tu remolino: "Ay, es que tienes un pelo muy complicado, este remolino de aquí, este huracán de allí y ay perdona que llaman por teléfono, mírate por detrás" Una peluquera novata no se atreve a tanto y se pone a cortar. Corta y corta y corta y zas, adiós oreja. ¿Quién necesita las dos orejas hoy en día habiendo sonotones y dolby sorround? Vamos hombre.
Así que las peluqueras novatas, que en la academía les enseñan a vendar y suturar orejas colganderas, te recolocan con celo la oreja y siguen cortando el pelo. Hacen lo que pueden, yo creo que serían más sinceras si usaran una máquina de trasquilar ovejas y al menos ya sabrías a lo que ibas. Así que termina, te miras en el espejo y ves un ente con las cejas quemadas, con humo en la cabeza, con una oreja sangrando y pegada con celo y una peluquera mascando chicle y sonriente a través del espejo. "¿Qué tal? ¿Estás muy guapo, eh?" Porque para todas las peluqueras, terminen como terminen, siempre estás guapo. Entonces decide secarte el pelo. ¿Con el secador? Noooo. Con un soplete. Bueno, o algo que se le parece porque la temperatura del aire del secador la controlan igual que la del agua y adiós a la otra oreja. Si usas gafas es un grave problema ir a cortarte el pelo a según qué sitios.Para acabarlo de rematar la peluquera novata se te acerca y te pregunta: "¿Te lavo el pelo otra vez?" Y tú: "¡¡¡¡NO!!!! Ya me voy, ya pago, pero no me maltratéis más, ¡piedad!" Mientras la mitad del ojo derecho parece salirse de su cuenca. A pesar de todo, ella no se contenta y decide ponerte gomina. Para hacerte un peinado moderno, que es su gran reto siempre, hacer un peinado lo suficientemente moderno. Y entonces, te miras al espejo y te ves así:

"¡Y buenas tardes! ¡Hasta la próxima! ¡Son quince euros!" Hasta la próxima tu madre, hijadeperra.










