
Hubo un tiempo en el que confíamos en un mundo mejor. Un mundo en el que gracias a la tecnología, todo sería perfecto. Cuando aparecieron las primeras cámaras digitales muchos, ilusos nosotros, pensamos que se acabaría con la maldición de las fotografías amateurs; esto es: ya no habría fotos borrosas ni mal hechas porque eh, ¡se pueden borrar! Luego uno se da una vuelta por los álbumes de fotos que tiene la gente en Facebook o cualquier otro lugar y se plantea: Tanta tecnología, ¿pa' qué?
En serio, ¿para qué? Si luego uno se encuentra álbumes enteros en los que ni una foto se salva. En los que todas las fotos, todas sin excepción, son borrosas. O mal enfocadas. Y cuando digo mal enfocadas no es que salgan un poquito descentradas o salga más pared de fondo de la cuenta. No. Cuando digo mal enfocadas es que salga la oreja y media sonrisa del modelo en cuestión a fotografiar y se vea todo lo demás del fondo; que termina siendo dos perros follando o una señora cayéndose del andador.
Este tipo de fotos no son nuevas de ahora, cuando existía aquel elemento llamado carrete o más comunmente llamado rollo, era lo habitual. Normal, la gente no tiene por qué saber fotografiar. Pero entonces no había manera de saber si estaba la foto bien hecha o no hasta que la revelabas. El de la tienda de fotos, como siempre, se quedaba mirando tus fotos antes de dártelas mirándote de reojillo como diciendo: "Anda que te has lucido... ¿Y esto?" Mientras giraba la foto poniendo caras raras para intentar adivinar qué es lo que estaba viendo. Mejor que no lo averiguara. Si había alguna foto comprometedora era la primera que sacaba, sobre todo si estaba la tienda llena. Ahora esto no debería pasar, todo el mundo puede verlas al momento y darle al botón borrar si la foto no cumple los cánones. Pero claro, ahora no existe la limitación de espacio que antes sí existía. "Uy, me quedan cuatro fotos en el carrete, habrá que gastarlas bien" Ahora caben tres millones setencientas cuarenta mil fotos más y ya ni se borran. No sólo no se borran, ¡sino que además se enseñan! E incluso se hacen mal queriendo porque... ¡Sales más natural! Claro, lo natural es que salgas con cara de mongolo mirando al cielo, la boca medio abierta, las manos en pose rara y el cuerpo en postura de caida inminente. Lo natural es bonito, lo natural es guay, lo natural abrillanta y embellece. Los venenos de las plantas son naturales también, pero la moda es que lo natural es lo mejor que hay. ¡Natural!
Esto al final acaba convirtiendo tus álbumes de fotos en un montón de recuerdos en los que se pueden contar con los dedos de la mano el número de fotos buenas que tienes. Cuando de mayor mires las fotos de joven dirás: "Qué alegría ser mayor, estoy mucho mejor que antes, con arrugas y todo" Si es que te da tiempo a verlas todas, porque se acumula tal cantidad de fotos que o existe la reencarnación o no hay manera de volver a verlas todas. Aunque muchas veces se podría hacer la foto resumen. Con tener una con cada amigo en la que os hayáis hecho autofoto estirando la mano es suficiente. A partir de la número 500 de la misma versión de foto con un fondo ligeramente distinto, empieza a cansar. Aunque hay gente que se hace ese tipo de fotos con las amigas para tener una bonita colección de escotes. Las fotos desde arriba, ese truco conocido.Lo mejor de las cámaras digitales modernas es apreciar la cantidad de veces en las que se es capaz de salir con cara de tonto en las fotos. A veces uno se llega a plantear si es que todo el mundo tenemos cara de tonto siempre y no nos habíamos dado cuenta. El mejor momento para demostrar esto es cuando se hace la típica gracia de "Eh, ¡que era un video!" Después de media hora con la sonrisa falsa aguantándotela con pinzas de tender la ropa, agarrado a dos o tres amigos, y diciendo con la boca de medio lado: "Venga, échala ya, venga" El cámara soltando una risa que lleva diez minutos aguantándose grita: "¡Era un video!" Y al día siguiente abren las noticias de Telecinco con vuestro caso.
Eso sí, la revolución que han traído las cámaras digitales es al mundo de las fotos ligeras de ropa. Entre el exhibicionismo, la confianza ciega en los novios y el no tener que pasar por la tienda de fotos ha convertido Internet en un enorme álbum (NSFW) de chicas jóvenes delante de sus espejos churretosos del lavabo. Ya sea más vestidas o más desnudas. ¿Por qué los lavabos? ¿Nadie conoce el botón de autofoto que salta al cabo de 5 segundos? ¿Por qué esos flashes? ¿Por qué hay tantos lavabos sucios? ¿Por qué no limpian el maldito espejo antes de hacerse la foto? Es un tema digno de un post aparte solo para ellas, sin duda. En definitiva, hubo un tiempo en el que las fotos eran algo privado de cada uno. Desde que existen las cámaras digitales, las fotos son de todos. Con todo lo que eso implica.








