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30.10.09

La Educación en España es de risa



Las clases en el futuro serán así

Hace nueve años yo estaba en segundo de bachillerato, preparándome para la universidad. Un día, el profesor que nos daba electrotecnia, tecnología industrial y mecánica (casi ná) decidió que era el mejor momento para él para irse tres meses a Nueva Zelanda de viaje. Así que ni corto ni perezoso pidió excedencia y se marchó allende los mares a disfrutar de los parajes que se pueden ver en aquel país. El muy mamón. Por suerte para nosotros, Educación tenía un plan bien pensado para que no fuéramos mal preparados a Selectividad en esas materias: nos puso de sustituto a un biólogo.


Que no digo que el hombre no supiera de biología, que el hombre quizá era un crack en su campo. Pero lo que es de las materias que le tocaba dar no era precisamente un genio. Juraría que si le preguntaba qué era un transistor me contestaba que eso que se ponen en la oreja los abuelos para escuchar el fútbol. El hombre, además, vino con la mejor de las intenciones: aprender junto a nosotros. Yo no sé vosotros, pero a mí me viene un profesor diciéndome que quiere aprender junto a mí, meses antes de la Selectividad, me cago las patas abajo y se pasan días recogiendo mierda. Y así sucedió, nuestra clase durante esos meses echaba una peste que tiraba para atrás.


Con esto vengo a decir, que los problemas en Educación, así con mayúsculas, no son nuevos. Y más en la rama de tecnología. Pero los políticos no tienen la sana costumbre de arreglar los problemas que hay. Si los políticos cumplieran todas las promesas y arreglaran las cosas del país, ¿qué leches prometerían en las siguentes elecciones? Se quedarían sin ideas. Por eso, y porque tener un pueblo idiotizado hace más sencillo que la gente se despreocupe de lo que puedan o no hacer ellos en el Congreso y demás estamentos, la Educación no despega. Es más, más bien se pega. Se pega al fango de la estupidez.


Tenemos reformas educativas cada dos por tres, y ninguna seria, sea el partido que sea. Y luego tenemos medidas populistas de cara a la galería, pero sin entrar a arreglar los problemas de raíz. Una de ellas, la más actual, es la de regalar ordenadores a los niños. ¡Que se note que se gasta en Educación! Los libros siguen costando una pasta, pero eh, tendrán ordenador. A lo mejor se pueden bajar los libros del Emule. Es lo que se llama empezar la casa por la antena parabólica. "¡La casa se está cayendo a cachos! ¿Qué hacemos Presidente?" "Pongan una antena parabólica, así podrán ver el Plus" "Pero..." "Que sí, que sí, ya verás como todo va bien".


Así que se podría decir que el problema de la Educación en España es endémico. Y de risa. Se regalan ordenadores y el personal no está formado, ¡los niños saben más de cómo manejarlos que muchos de los profesores! Un poco como el biólogo del transistor con la SER. Y sin embargo los niños salen de la escuela cada vez sabiendo menos (en media), los profesores necesitan cursos de Taekwondo y Judo antes de poder entrar a clase y hay escuelas cayéndose a cachos que tienen a niños en barracones prefabricados que necesitan una inversión ya. Pero claro, eso no vende en las noticias.


Post relacionado:


[Titulaciones de la UPC para el 2010/2011]


Más información de primera mano del mundo de los profesores:


[Centros TIC (tac, tic, tac) de la CEJA (Consejería de Eduación de la Junta de Andalucía)]
[Ordenadores] (Con una carta falsa de una supuesta niña en plan fábula)

28.10.09

Soy agente federal: necesito su coche



A Bauer no le hace falta enseñar la placa

En las películas y series de acción siempre hay alguna persecución. Si los malos no tuviesen la fea costumbre de correr cuando van a ser detenidos las películas serían menos espectaculares; pero los ciudadanos de a pie mantendrían sus vehículos durante más tiempo, que su esfuerzo económico han tenido que hacer los pobres.


Sí, porque cuando hay una persecución primero empieza a pata, cuando se cansan de correr el malo encuentra a sus compinches en una furgoneta negra y el agente se queda con cara de pasmo en medio de la carretera mirando a un lado y a otro. Entonces pasa un pobre hombre, hace parar el coche placa en mano y le dice: "Soy agente federal, ¡necesito su coche!" Y ni un mísero aval, ni una mísera firma, ni un hoy por ti mañana por mí.


¡Se lleva el coche tan ancho! Entonces las cámaras siguen la persecución, en la que los coches explotan como si los hubieran fabricado con goma-2 y cruzan un puestecillo de frutas que se queda sin las ventas del día. Pero... ¿y el pobre hombre que se queda en mitad de la carretera con cara de tonto? ¿Qué le pasa a él? ¿Nadie se preocupa por él ni por su familia? Siempre es un hombre con traje, que salía del trabajo y se queda con la boca abierta diciendo: "Pero oiga..." No hay tiempo para explicaciones, un peligroso terrorista está huyendo de la policía. Pero ahí está el hombre, preguntándose cómo le explicará lo sucedido a su mujer...


"Mira cariño, que... Iba conduciendo tan tranquilo escuchando El Consorcio y de repente apareció un tío en mitad de la carretera con una placa en la mano, se paró y me pidió el coche".
- "¿Y se lo diste? ¿Se lo diste? Si ya me lo decía mi madre que no tenías personalidad."
- "Pero cariño... Era un agente federal"
- "¡Esto te lo estás inventando! ¡Menuda trola! Ves demasiadas películas Jose Alfredo. ¿Has vuelto a jugar? Es eso, ¿no? Otra vez con el maldito póker".
- "Que no amor mío, que es la verdad"
- "Aaayy, que mi marío e un ludópaataaaa"



Un desastre total. Los críos de fondo llorando en la cuna, la suegra desde el sofá gritando "te lo dije" y el drama familiar ya está montado. ¿Es que no piensan en ello los agentes federales? ¿No los devuelven después? Que a lo mejor los devuelven. Eso tampoco se ve en las películas. Pero vamos, Jack Bauer después de las 24 horas dando saltos y estando a punto de morir treinta veces en un mismo capítulo, estoy seguro que luego va a la casa y les devuelve el coche:


- "Aquí tiene, tiene alguna ligera abolladura, pero el seguro creo que lo cubre..."
- "Lo tengo a terceros"
- "Oh my God"



No se podría decir que tratan muy bien los coches después de requisárselo a los ciudadanos de a pie. Que no es que le dejen un coche descapotable, sino uno descapotado. Balazos por doquier, puertas que volaron, sangre en la tapicería, lunas destrozadas... Será por eso que no lo devuelven. Les da vergüenza ir a su casa, llamar a la puerta y decirle: "Mire, esa bola de chatarra que hay ahí en su jardín, ese es su coche. Gracias por su colaboración con el Estado. Es usted un patriota". "Querrá decir, ERA mi coche, señor agente. Con todos los respetos, he visto triciclos en vertederos con mejor aspecto".


Nadie piensa en los pobres ciudadanos, que pagan sus impuestos y luego se ven privados de su vehículo de transporte por un agente federal. Así que desde aquí lanzo una propuesta: creénse una linea de autobuses de persecuciones o algo. Transporte público para agentes federales. Que vaya avisando, "Próxima parada: terrorista de la moto negra". Más ecológico, además; y más solidario con la ciudadanía. Piénsenlo.


Post relacionado:


[El maletero del malo siempre está vacío]

26.10.09

La gente que mientras habla contigo repite tu última palabra



Una de estas personas en plena metamorfosis

Cuando estamos hablando por teléfono tenemos siempre la imperiosa necesidad de marcar al que está al otro lado que le estamos oyendo. Normalmente se dice: "Sí", "Sí", "Ajá", "Mji", "Claro", y un largo etcétera. Incluso cuando nosotros somos los que hablamos, si no oímos alguna palabra de vez en cuando preguntamos: "¿Estás ahí?" Y puede que se oiga un ronquido, pero eso ya depende de la labia que tenga uno al teléfono. El problema viene cuando la gente coge esa costumbre para hablar contigo cara a cara. Y no se conforma con el "sí" de rigor, sino que repite la última palabra que tú dices a cada frase.


Tengo una vecina que lo hace y es un auténtico portento. Yo creo que en realidad cree que tiene poderes telepáticos y dice la palabra antes que tú, pero no, la repite milisegundos después de salir de tu boca. Estás hablando con ella y la conversación funciona así:


- "Porque ayer fui al supermercado y claro, allí estaba la cajer..."
- "Cajera, claro"
- "Y llevaba tres tomates en una bolsa y cinco melocoton..."
- "Melocotones, melocotones"
- "Y me dijo: ¿ya que de piezas tienes ocho por qué no me coges el choch...?"
- "Me coges el chocho, me coges el chocho"
.


¡Es que no oye! Le da igual lo que digas, lo repite tal cual. Un día estaba hablando con ella y no sabía si estaba en mi bloque de pisos o en un acantilado. Cuando entro cada día por el rellano grito: "¡Eco! ¡Eco!" Y desde su casa se oye: "¡Eco!" Un auténtico portento.


Yo no sé si es que este tipo de personas tiene algún complejo de loro no desarrollado del todo. Quizá quisieron tener plumaje de colores y un pico curvado, pero prefirieron quedarse con la afición más molesta de todas. Terminan consiguiendo que te desconcentres de tu propia conversación y ya no sepas de lo que estabas hablando de tanto oir repetido lo que vas diciendo. Quizá, lo que tienen en el cerebro es una especie de pared que retumba lo que entra por el oído y no pueden evitar que les salga por la boca. O simplemente lo que llega pasa por la trompa de Eustaquio y se le modula en la voz casi sin querer.


Lo que terminan consiguiendo con esta costumbre es una sensación de incomodidad en el que habla. Parece que tengan la necesidad de hablar ellos todo el rato y no dejarte decir nada, como si ellos ya supieran lo que vas a decir. Solo les falta ponerte la mano en la cabeza y decirte: "No me digas más, ahora entraré en tu mente y sabré lo que quieres decirme... Auummmm, aaummmmmmmm, ¿que me vaya a la mierda?" Vaya, al final será verdad que tienen poderes...

11.10.09

El mundo del champú



El lavabo es uno de los lugares de la casa que mejor nos conocemos. Lo visitamos unas cuantas veces al día, pero aún así, cuando visitamos un lavabo ajeno lo escrutamos con suma curiosidad. Llamésmole por su nombre: somos unos chafarderos de cuidado. Es entonces cuando nos fijamos en los detalles que pasamos por alto en el nuestro y otros más que hacen de los lavabos ajenos algo especial. ¡Anda! Si Paco usa Hemoal y también hay... ¡Vagisil! Entonces se te ocurren bromas a tutiplén, pero no las haces. No por nada, sino porque sabrían que has estado chafardeando...


Los lavabos tienen otros detalles como esos espejos churretosos que dan un toque barroco al lugar, o esas obras de arte moderno como la pasta de dientes con la pinza de tender la ropa. Si yo tuviera una galería de arte pondría un bote de pasta de dientes apunto de acabarse, su pinza debajo y lo llamaría: Metáfora del aprovechamiento. Pero esto no se encuentra siempre en todos los lavabos, lo que sí encontraréis seguro es el fantástico champú. A no ser que sea un lavabo de uno de esos guarros que se lavan como los gatos, claro. Antes de salir de casa, se miran al espejo, se lamen la mano y zas, ya tenemos gomina. Qué elegancia... Ecs.


A mí el champú me llama poderosamente la atención porque ya parece cualquier cosa menos champú. Vas a la tienda y empiezas a mirar botes y ves: "Con Kiwi", "Con Fresas silvestres", "Con Naranjas recién exprimidas"... ¡Coño! ¡Que ya no sé si estoy en la sección de baño o en la de las mermeladas! Poca broma, que hubo uno que se confundió y luego con las tostadas del desayuno se ponía Timotei. Era muy gracioso porque cada vez que eructaba soltaba pompas de jabón. Lo contrataban para animar las fiestas de cumpleaños de los niños y todo.


En serio, es que cada vez que uno va a comprar un champú está por preguntar: "¿Oiga? ¿Y sabe de alguno que lleve jabón?" Porque todos tienen de todo, parecen macedonias de champús. O bien de herbolario. Que si Aloe Vera, que si leche de soja... Así es que es muy fácil confundirse, que al final va a ser más nutritivo un champú que un cartón de zumo...



Champú de huevo, lo que faltaba

Pero a mí en realidad lo que más me fascina son los textos que acompañan al champú. Como al fin y al cabo todas las marcas vienen a ser lo mismo, se tienen que diferenciar de alguna manera. Y ahí es donde contratan a los fantásticos... ¡Escritores de etiquetas de champú! Es una profesión tan digna como otra cualquiera. Están pluriempleados porque también los usan para gel de baño o desodorantes. Para evitar que se encasillen, ya sabéis. Son pequeñas piezas de poesía de lavabo, deben embelesar, animar al comprador compulsivo y además entretener mientras se caga. Para que así mientras estás en pleno apretón puedas decir: "Ahí va, que será esto de la madera de sándalo, ¿será un extracto de sandalias?" Y que ahí cavilando, se te pase el rato.


Las etiquetas de champú están llenas de literatura. ¿Dónde leerás sino, un extracto vigorizante? ¿O que te sumerjas en un halo de reposo? ¿Y esas famosas fórmulas enriquecidas con aceites esenciales? Porque los aceites de los champús o son esenciales o no son nada. Qué decir de esas relajantes fragancias que, oh señor, ¡devolverán la vitalidad a tu cabello! Si esto no es arte, decidme qué es.


Los champús hoy en día tienen tantas propiedades que uno termina pensando en si no son incompatibles entre sí. Que uno antes iba tan tranquilo a lavarse el pelo, pero ahora sin darse cuenta uno se está vigorizando, sumergiendo en halos de reposo y hasta teniendo un orgasmo sin darse cuenta. Como el anuncio aquel de Herbal Essence en el que una chica se metía en la ducha con el champú y empezaba a gritar como una loca. ¿Dónde leches había metido el bote? Aunque no sé qué suena peor, si eso o alguien sacando las últimas gotas del bote. En la ducha, en soledad, apretando y apretando mientras suena pffst, pffssts, pffsst, hasta que al final se oye un último gemido entrecortado con un prrf y sale por fin el líquido viscoso blanco... de Pantene. Que un día hagan un anuncio así, con un par.


Así es el mundo del champú, lleno de metáforas sobre la higiene, poesía en estado puro y sabores afrutados. Cuánto lío para tener, simplemente, el pelo limpio.

10.10.09

Encuesta de con cuanta gente te acostarías si no se enterara nadie, acabada



"Esto ha de quedar entre tú y yo"
"¿El qué? ¿Lo de tu gatillazo?"

Después de un poco menos de un mes de encuesta os traigo los resultados para que podáis comparar vuestros votos con lo que han votado los otros lectores. El tema esta vez era muy interesante, con cuánta gente os acostaríais si no se enterara nadie. Menos la persona con la que os acostáis, claro. Que si no sería necrofilia. Los votos han estado repartidos ya que había muchas opciones, pero si miramos a fondo en realidad lo que vemos es que la mayoría de los lectores, si tuvieran una intimidad total, tendrían muchos menos remilgos para acostarse con otras personas...


Lo que no sabremos con esta encuesta serán las razones por las que los lectores de esta web se acostarían con más personas si no se enterara nadie. ¿Es por vergüenza? ¿Porque se acostarían con personas más feas si no se enteraran los amigos? ¿Porque no les gusta que les pregunten con quién se acuestan? No lo sabremos. Lo que sí sabemos es lo que la gente ha votado, y eso, queda ahí. Voy a dividir los votos entre mujeres y hombres para que veamos las diferencias, aunque en realidad no hay muchas. Por lo visto en la encuesta, tenemos el mismo porcentaje de superficialidad. Veamos, hay 211 votos de chicos y 154 de chicas.


La opción más votada de los chicos ha sido la de acostarse con todas, y cuando dicen todas es TODAS. Contando la familia, vamos. Abuelas, madres y hermanas no se salvan de ser jincadas por estos 54 votantes. Ellos hacen honor del refrán "en época de guerra cualquier agujero es trinchera". Aunque al menos se han salvado los padres, abuelos y hermanos. Cosa que no les pasa a los familiares de los otros 30 chicos que han votado esta opción. Esos se acostarían con cualquiera si no se enterara nadie, así que hay una homosexualidad latente que no se atreven a sacar. Las mujeres tienen más remilgos con la familia, sólo 14 de las 154 votan la opción de todos, y es TODOS. Sin embargo, tienen más tendencia al lesbianismo en proporción, ya que 34 chicas, un nada desdeñable 22% del total de mujeres, se acostarían también con tías en caso de no enterarse nadie. Cuando veáis fotos de amigas vuestras en Facebook dándose piquitos, pensad en esto.


Luego tenemos a las personas a las que no les influye en nada que alguien se entere o no de sus escarceos sexuales. Hay 46 chicos que no cambiarían sus gustos si obtuvieran secretismo y 40 chicas que opinan lo mismo. Son personas que hacen lo que les da la gana y no se preocupan de lo que piensen los demás a la hora de acostarse con alguien. Pero ahora podemos observar algo muy curioso, en proporción hay más chicas que se acostarían con muchos más tíos en caso de que no se enterara nadie, pero no con todos. Es decir, bajarían el listón o se lanzarían a saco, pero no a cualquier precio. Sin embargo los tíos se acostarían con todo lo que se mueve descontando a la familia. Es decir, 40 chicas se acostarían con muchos más y 39 chicos con muchas más; pero si miramos el resultado de la opción de acostarse con todos menos de la familia hay 40 chicos más y sólo 19 chicas.


Para acabar nos quedan los que se acostarían con menos porque lo que les gusta de verdad es contar sus hazañas sexuales. Si no pudiera enterarse nadie para ellos perdería la gracia. Eso le pasa a dos chicos y a seis chicas, por muy sorprendente que pueda parecer.


Y esto ha sido todo, os dejo una nueva encuesta para que no perdáis la costumbre de votar. Esta vez, para las próximas semanas, os pregunto: ¿Qué le haríais a vuestro jefe si os tocara la Lotería? U otro premio parecido. ¡Ale! ¡A votar se ha dicho!

7.10.09

La ciencia española no necesita tijeras



No sé si habréis oído hablar sobre el recorte en I+D que ha propuesto el Gobierno para los próximos presupuestos. El recorte es de nada más y nada menos que de un 37%. Y así, queridos lectores, es como se basa una política de apoyo a la investigación y desarrollo que tanto nos vendió el presidente Zapatero. Durante cuatro años no hizo nada por variar la nefasta ley del suelo que promovió el PP, que apoyó la burbuja inmobiliaria y la destrucción de muchos bosques; y cuando hubo elecciones prometió que cambiaría esa tendencia para fomentar un nuevo modelo de producción. Y este es el chiste del día en este blog.


Al final, cuando llega la hora de la verdad, cuando hay que recortar, el primer sitio donde se mira es en el gasto en ciencia. Aquí no ha importado nunca una mierda la ciencia. Como me comentó una amiga una vez y tiene razón, si uno mira los avances científicos históricos jamás ha habido nunca un español ahí. Húngaros, austríacos, alemanes, franceses, ingleses, estadounidenses... ¿Pero españoles? Ninguno, aquí sólo sabemos inventar cosas con palos. Pero no porque seamos tontos, sino porque jamás se ha apoyado a la ciencia aquí, sin ir más lejos somos el país que más tiempo mantuvo, y con más virulencia, la Inquisición. Con eso os lo digo todo.


Aquí no se fomenta el progreso del país. Aquí lo que de verdad les importa a los políticos es mantenerse en el poder y llegar a las siguientes elecciones como se pueda. Aquí no existe el medio o el largo plazo, aquí es todo a corto plazo. Y así nos va. Por eso me sumo a la iniciativa de La aldea irreductible y pongo hoy este post protestando por el recorte en investigación y desarrollo. Porque siempre queda muy bonito en los mítines hablar de investigación y tal y cual; pero a la hora de la verdad los científicos tienen que acabar emigrando si quieren poder hacer algo.


Os dejo un artículo buenísimo de Raúl Minchinela: [La ciencia en España: Concepto y aplicación]

5.10.09

Las gamberradas infantiles



Cuando van pasando los años nuestra memoria empieza a olvidar todas aquellas cosas que hacíamos cuando éramos pequeños. A veces, incluso, esta memoria nos juega malas pasadas y nos hace ver con poca perspectiva lo que pasa con los niños actuales. Muchos creen que los niños son más violentos ahora que antes, cada generación dice lo mismo: "Uy, si nosotros somos malos, los que vienen detrás... ¡Son lo peor!" En realidad no es tan exagerado, a pesar de los niños actuales con el síndrome del Emperador que dicen los psicólogos y a los que yo llamo sencillamente "pequeños dictadores"; los niños de antes también se hinchaban a hacer gamberradas infantiles.


Empezaremos con una de las gamberradas más inocuas de todas, pero que curiosamente a los niños les hacía una gracia inexplicable: picar timbres. La gamberrada consistía en ir caminando por el pueblo, picar un timbre cualquiera... Y salir corriendo. Y ya está, y esta es la noticia. Eso resultaba la mar de gracioso. Supongo que ya el acabose debía ser cuando podías hacerte pasar por espía y conseguir entrar en un portal gritando la contraseña mágica: "Correo comercial". ¿Algún grupo de espías ha usado alguna vez esa contraseña secreta? Si lo ha hecho, ha tenido que ser la CIA de Lepe, sin duda.


Algún niño, eso sí, con más mala leche de la cuenta, usaba algún palillo de dientes u objeto similar para dejar el timbre enganchado y que no dejara de sonar. Eran la pesadilla de los serenos, nunca mejor dicho.


Otra gamberrada infantil muy típica era la de llenar globos de agua y lanzarlos desde algún lugar alto a los transeúntes. Los globos de agua normalmente suelen ser pequeños, pero en una gamberrada infantil es como en una orgía a la fresca: vale todo. Así que los niños cogían globos normales y los llenaba de agua igual. Y a bombardear a los peatones cuales francotiradores apostados en un tejado. Normalmente no podían estar tirando globos mucho rato porque era fácil detectar de dónde salían los artefactos: la curiosidad de un niño es mucho mayor que su maldad, con lo cual al lanzarlos necesitaban ver cuál era su obra. Un señor con traje, una abuela con un pastel en la mano, un policía local de servicio... Todos empapados y mirando hacia arriba. ¿Y qué veían? Unas risas infantiles asomándose por un balcón que salían corriendo para dentro para que no les pillaran.


Pero dentro de lo que cabe estas gamberradas eran bastante suavecitas. Que te caiga un globo encima, a no ser que sea uno aerostático con su cesto y sus personas, no hace mucho daño. Que te piquen el timbre fastidia, pero tampoco hace daño. ¿Pero una piedra lanzada con tirachinas? Eso ya es otro cantar. El tirachinas, para el que no lo conozca, no es un actor porno chino. Es un palo, metálico o de madera, en forma de Y al que se le une una goma elástica a ambos lados. Se coloca una piedra en la goma, se tira para atrás para que coja impulso y zusssf, se suelta y tenemos a alguien sangrando en el hospital. O una paloma seriamente herida. No se sabe quién empezó antes, si los niños o las palomas, pero hay una guerra abierta sin duda entre ambos colectivos. Puede que las palomas algún día dejen de cagarse en las cabezas de la gente, pero no será antes de que firmen una tregua.


Para acabar queda por comentar otra de las gamberradas infantiles violentas. Estas, más que gamberradas eran juegos violentos. Eran los llamados barullos. Un barullo según la RAE es una confusión, un desorden y una mezcla de gentes. Un barullo era eso, pero solo para el que recibía. Una confusión de no saber de donde vienen los palos. Era básicamente pegar a alguien porque sí entre un chorro de niños. Para no hacerlo de forma tan evidente existía el juego caño-barullo que quería decir, si te hacían un caño jugando a fútbol: pillabas. La estrategia para no pillar si no eras bueno jugando a fútbol tenía que ser la de no jugar (evidente), o bien la de no abrir las piernas bajo ningún concepto (más evidente aún). Cualquier otra opción significaba recibir un barullo sí o sí.


Pero gamberradas infantiles seguro que hay muchas más. He definido lo que vendrían a ser las más típicas o aplicables a casi cualquier niño en cualquier lugar, pero en realidad estoy seguro que muchos de vosotros hicisteis o visteis algún tipo de gamberrada infantil que no he mencionado y seguramente es mucho más malvadamente ingeniosa. Y es que los niños, aunque a alguna gente le pueda parecer algo nuevo, siempre han tenido sus maldades.


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