
Hace nueve años yo estaba en segundo de bachillerato, preparándome para la universidad. Un día, el profesor que nos daba electrotecnia, tecnología industrial y mecánica (casi ná) decidió que era el mejor momento para él para irse tres meses a Nueva Zelanda de viaje. Así que ni corto ni perezoso pidió excedencia y se marchó allende los mares a disfrutar de los parajes que se pueden ver en aquel país. El muy mamón. Por suerte para nosotros, Educación tenía un plan bien pensado para que no fuéramos mal preparados a Selectividad en esas materias: nos puso de sustituto a un biólogo.
Que no digo que el hombre no supiera de biología, que el hombre quizá era un crack en su campo. Pero lo que es de las materias que le tocaba dar no era precisamente un genio. Juraría que si le preguntaba qué era un transistor me contestaba que eso que se ponen en la oreja los abuelos para escuchar el fútbol. El hombre, además, vino con la mejor de las intenciones: aprender junto a nosotros. Yo no sé vosotros, pero a mí me viene un profesor diciéndome que quiere aprender junto a mí, meses antes de la Selectividad, me cago las patas abajo y se pasan días recogiendo mierda. Y así sucedió, nuestra clase durante esos meses echaba una peste que tiraba para atrás.
Con esto vengo a decir, que los problemas en Educación, así con mayúsculas, no son nuevos. Y más en la rama de tecnología. Pero los políticos no tienen la sana costumbre de arreglar los problemas que hay. Si los políticos cumplieran todas las promesas y arreglaran las cosas del país, ¿qué leches prometerían en las siguentes elecciones? Se quedarían sin ideas. Por eso, y porque tener un pueblo idiotizado hace más sencillo que la gente se despreocupe de lo que puedan o no hacer ellos en el Congreso y demás estamentos, la Educación no despega. Es más, más bien se pega. Se pega al fango de la estupidez.
Tenemos reformas educativas cada dos por tres, y ninguna seria, sea el partido que sea. Y luego tenemos medidas populistas de cara a la galería, pero sin entrar a arreglar los problemas de raíz. Una de ellas, la más actual, es la de regalar ordenadores a los niños. ¡Que se note que se gasta en Educación! Los libros siguen costando una pasta, pero eh, tendrán ordenador. A lo mejor se pueden bajar los libros del Emule. Es lo que se llama empezar la casa por la antena parabólica. "¡La casa se está cayendo a cachos! ¿Qué hacemos Presidente?" "Pongan una antena parabólica, así podrán ver el Plus" "Pero..." "Que sí, que sí, ya verás como todo va bien".
Así que se podría decir que el problema de la Educación en España es endémico. Y de risa. Se regalan ordenadores y el personal no está formado, ¡los niños saben más de cómo manejarlos que muchos de los profesores! Un poco como el biólogo del transistor con la SER. Y sin embargo los niños salen de la escuela cada vez sabiendo menos (en media), los profesores necesitan cursos de Taekwondo y Judo antes de poder entrar a clase y hay escuelas cayéndose a cachos que tienen a niños en barracones prefabricados que necesitan una inversión ya. Pero claro, eso no vende en las noticias.
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Más información de primera mano del mundo de los profesores:
[Centros TIC (tac, tic, tac) de la CEJA (Consejería de Eduación de la Junta de Andalucía)]
[Ordenadores] (Con una carta falsa de una supuesta niña en plan fábula)











