
Hay gente célebre que se tira toda su vida luchando por su privacidad, para que luego cuando les llega su hora sus familiares, en cero coma, ya han publicado sus cartas privadas en la prensa. Ríete tú del Facebook y sus políticas de privacidad. A partir de su muerte se abre la veda y aparecen libros con las cartas perdidas de aquel escritor, enviadas a una amante en la que le decía que le iba a comer el parrús con una cuchara sopera. ¿Era necesario? ¿Qué necesidad hay de soltar las intimidades de la gente famosa una vez ya no se pueden defender?
Y esto pasa con muchos personajes, no es cosa de gente del corazón ni nada de eso. Aparecen las cartas que se enviaban Dalí y Lorca, el correo de Napoleón... Nadie se libra. En los diarios lo llaman: "Acercarse a la personalidad del gran maestro Fulanito de Mengano". Claro. Acercarse a todas las historias escabrosas que pueda tener una persona. Cierto es que a esa persona ya le da exactamente lo mismo porque no se entera de nada. Pero que sepan los periodistas, que si algún día llega el apocalipsis zombi, serán los primeros en caer.
De todas formas, si me he acercado a este tema es porque el otro día empecé a imaginar cómo sería acceder a las misivas personales de los personajes célebres, y no tan célebres, hoy en día. Es decir, en un futuro cuando encuentren el correo personal de gente joven de ahora... ¿Qué encontrarán? En las cartas de los antiguos habían descripciones de la sociedad, guarradas también, pero se podían observar amplias explicaciones sobre hábitos de la vida diaria antigua. Cosa que demuestra, también, que los historiadores son unos cotillas de cuidado. Ahora imaginad por un momento que alguien mira el correo electrónico de una persona de la actualidad dentro de cien años. En el caso de que aún estuvieran los archivos guardados... ¿Qué podrían ver?
Powerpoints.
Powerpoints de gatitos. Powerpoints de chistes de tres lineas explicados en siete diapositivas. Powerpoints de Navidad con música. Powerpoints de cadenas que si rompes vendrá un señor a tirarte de los pelos de los huevos hasta dejarte calvo. Powerpoints de tías en bolas y al final una gorda o un pollón. Powerpoints de fotos de paisajes con un grito que te asusta al final. Powerpoints de niños desaparecidos que hace tres años ya encontraron. Powerpoints que tienes que devolver para demostrar tu amistad. Powerpoints. Powerpoints. POWERPOINTS. Agh, agh, cof, atjó. Prj. Y textos de John Henerd avisando que Hotmail cierra.
Este es el legado de nuestro correo a la gente del futuro. Nuestros nietos lo leerán y dirán: "La gente se quería tanto, que se enviaba mails en cadena copiados totalmente impersonales para demostrar su amistad. Además, en el pasado tenían una de problemas de erección... Mira cuantos e-mails de viagra tiene este hombre.". "Y esta mujer también. Curioso...". Así es nuestro correo actual.
Los famosos además, pueden estar tranquilos de que su vida privada no quedará muy expuesta. Primero porque cualquier investigador se cansaría de mirar powerpoints uno detrás de otro. Más de un funcionario ha sido visto con espasmos, espuma verde y cayendo en redondo por ver más de trescientos powerpoints en un solo día. Por lo visto hay un límite que el cuerpo humano no es capaz de soportar. Y además, si tienen que leer todas las conversaciones privadas del messenger, cuando hayan descifrado los emoticonos, sin duda los jeroglíficos del futuro, no habrán conseguido encontrar ni una conversación importante. Nuestra privacidad, podemos estar tranquilos, está bien a salvo.







