
Que somos animales de costumbres lo sabemos todos. Cuando nos gusta un restaurante y sabemos que está buena la comida, repetimos a menudo. Es más, hasta solemos repetir los mismos platos que ya tenemos controlados. Algunos hasta piden los mismos platos concretos, es decir la misma vajilla. "Por favor, ¿me trae mis cubiertos?" Y hasta tiene unos con sus iniciales inscritas para cada vez que va al restaurante en cuestión. Pero otras veces vamos a nuevos restaurantes que no conocemos y a muchos les entra el miedo. ¿Y si me pido un plato de veinte euros y no me gusta? Por lo que miran la carta, miran al camarero que espera anotando en su libreta y le dicen la pregunta clave: "Camarero, ¿la comida está buena?"
Entonces es cuando el camarero levanta la vista levemente de su libretita, mira al cliente y le dice: "Por supuesto, señor". ¿Qué espera que le diga? "No, está malísima, salga corriendo de aquí, levántese rápido antes de que les vea el mêtre, ¡corred insensatos!" ¿Alguien ha visto eso alguna vez? Estarían los restaurantes vacíos. ¡Pues claro que está buena la comida! Y hasta si le preguntas si la cocinera está buena te dice que también, aunque sea un adefesio que supura por las orejas. Tampoco esperen que les diga eso, a ver quién come algo ahí sabiendo el ligero problemilla de la cocinera.Pero eso no es la única pregunta chorra que se les hace a los camareros. Yo en la realidad no lo he visto jamás, pero en las películas parece que es algo habitual. Cuando alguien ha quedado contento con la comida suelta: "Me gustaría felicitar al chef". Con deje. Que parezca que al chef le vaya a importar mucho su opinión. Y allá que va a la cocina para darle las felicidades. Que me imagino al camarero corriendo hacia la cocina gritando: "¡Rápido esconded el microondas y que alguien se ponga el gorrito ese en forma de churro que hay un pringao ahí en la puerta que quiere felicitar al chef! Luego ya llamaremos al Capitán Pescanova si es necesario para trasladarle las felicitaciones". Felicitar al chef en la Tasca Gao no es lo mismo que en El Bulli.
Otras veces las preguntas al camarero no es que sean chorras, sino que son completamente necesarias. Por esa moda de poner nombres raros a los platos que no entiende ni su tía. Has de saber por lo menos siete idiomas para adivinar lo que pone en la carta y luego usar la imaginación. "Camarero, ¿qué significa pièce de boeuf s rostilja dengan kentang gebraten? Es más, ¿en qué idioma está esto?" "Es bistec con patatas fritas en una mezcla de francés, croata, malayo y alemán; al chef le gusta mucho usar Google Translate a lo rebuscado, al principio cuesta pillarlo, pero luego te acostumbras" Así ahorras papel, la carta en todos los idiomas en una sola. Y cuando está en castellano tampoco te enteras, porque te ponen Bistec a la Margarita Fernández y adivina. Y al final hay que pedir la cuenta. "¡Perdona!" Porque todos sabemos ya que los camareros se llaman Perdona de nombre de pila. Todos. Perdona Pérez, Perdona Gutiérrez... Una vez se le llama la atención se le pide la cuenta: "¡Jefe, la dolorosa!" Es una manera curiosa de pedirla. Pero es mucho mejor hacer gestos con las manos a lo lejos. Mientras arqueas las cejas y le haces tshh tshh, haces como que escribes en tu propia mano. Algún camarero despistado viene y te trae un boli. Eso sí, sin lugar a dudas la cuenta siempre trae alguna sorpresa. El IVA no estaba en la carta; la bebida no estaba incluida en el menú y no lo viste; o incluye la venta de tu alma al dueño del local. Entonces, miras al camarero fijamente y terminas preguntándole lo que muchos piensan y no dicen: "Perdona, ¿me puedes desclavar el sable de la espalda?"
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