
Vivimos en un mundo completamente conectado. Hacemos todo con enchufes, tenemos cables usb para todo y hasta el sexo terminará llamándose "plug & play". Hasta ese punto estamos conectados, al súmmum se llegará cuando seamos como en la peli Avatar, donde tendremos coletas para conectarnos con la mascota de casa. Por esta razón, en la casa tenemos un montón de cables repartidos por todas las habitaciones, de tal manera que a veces estás comiendo la sopa y al tirar de la cuchara desenchufas el televisor.
Los cables están por todos lados. Se apoderan de nuestro espacio personal, incluso. Lo peor de todo es que no tendría por qué ser así. Todos nosotros lo hemos intentado alguna vez en la vida, pero siempre sucede un hecho paranormal que fastidia toda nuestra dedicación. Estoy hablando de una cosa muy seria. Ponemos nuestros cables en un sitio, los dejamos bien puestecitos, nos damos la vuelta y... ¡Tachán! Están totalmente enredados. ¿Magia?
Yo me pregunto, ¿tienen vida propia? ¿Los cables se quieren y se abrazan entre sí? ¿Estamos pues, delante de la definición del amor más puro? Porque quizá es eso. Quizá los cables de distintos tipos ejercen una atracción entre ellos que no pueden dejar de juntarse. Yo me imagino sus conversaciones: "Ummm, un HDMI, me han contado cosas maravillosas de lo bien definido que estás, ejem, ejem" "Ay, USB, USB, qué picarona que eres, tú siempre conectándote a todo lo que se mueve, que ya me ha contado el cable de red lo que le haces" "Ese es un bocas, que lo cuenta todo por el mundo". Y terminan liados toda la noche.En algunos momentos puede llegar a asustar y todo. ¿Y si un día se rebelan los cables contra la esclavitud a la que les sometemos? ¿Y si deciden juntarse entre ellos y deciden ahorcarnos? Así, por las buenas. El mundo se convertiría en la tiranía de los cables. Y todo por no poner unas bridas a tiempo.
Lo peor no es eso, lo peor es intentar desenredarlos. Como he dicho tienen vida propia, se quieren mucho y se unen en la salud y en la enfermedad, en la conexión y en la desconexión hasta el final del AC/DC que de paso, es el grupo preferido de los cables. Esto haced ver que no lo he dicho. Desenredar los cables es una auténtica odisea. Los coges por una punta, los miras, ahora desenredas para allá, miras a ver de donde viene el cable y empiezas a seguirlos hacia atrás. Es algo que aprendimos en los pasatiempos de El pequeño País. Sigue la cuerda o sal del laberinto son muy útiles para estas tareas hogareñas.
Seguir la pista de un cable rodeado de otros del mismo color es una auténtica tortura. Sobre todo cuando parece que estás llegando al final y llegas a otro lado o a un nudo. Que se hacen solos. A veces te los encuentras con lazo y todo, con lo que nos costó aprender a hacerlos de pequeños y ahora aparecen de forma espontanea. La de caídas al suelo que nos hubiéramos evitado si los cordones de los zapatos hubiesen sido como los cables del PC. Supongo que es cosa de la evolución cableril. Así que para mantener a los cables bien separaditos hay que tener paciencia infinita. Porque sabes que es un trabajo perdido: poco después volverán a unirse por arte de magia. Eso es un conocimiento que tienen los magos de todo el planeta, de ahí que sepan desatarse debajo de agua. Hipnotizan a los cables y ale, liberados. O puede que no y yo tenga que tomarme de nuevo la medicación. Todo puede ser.
La solución final es atarlos con otros cables repelentes. Como uno de esos niños que te cuenta su vida a velocidad de vértigo. O sino, no sé, que tengan bromuro a ver si se calman de tanta pasión. O bien ponerle unas bonicas bridas y apartarlos los unos de los otros. Pero probablemente la manera más fácil de ahorrarnos el disgusto de tener que desatar cables con vida propia es usar todo a base de baterías y pilas. No ganaríamos a recargas, pero viviríamos alejados de esos cables animosos que nos hacen perder horas.












