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| Un, dos, tres, pica-pared, un, dos, tres, ¡ya! |
No me gustaría estar en la piel de un
profesor de primaria. En cierta manera porque no cabríamos, pero no me gustaría por un motivo evidente: los niños son muy
rebonicos y muy
salaos cuando están solos, pero si los juntas con otros tienen
más peligro que Sanchez Dragó en una primera comunión. Aunque lo que me fascina de verdad de los profesores de primaria es su capacidad para dar clase por encima de gritos estridentes. Si se ponen, serían capaces de dar una clase entera de matemáticas en una
discoteca en hora punta. Aún así, su paciencia tiene ciertos límites y los niños terminan
pasándose de la raya, con lo cual terminan aplicándoles un castigo. Un castigo de verdad sería obligarlos a ver
Sálvame Deluxe durante 24 horas seguidas, pero tampoco hay que acabar con su educación tan pronto.
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| Y luego se hizo penitente |
Hubo una época en que los castigos eran
así de crueles. Sin ir más lejos, en la época del Paquito con voz de pito - un nombre que debió ponerse porque es mucho más comercial y rima - se castigaba a lo bruto. El lema era:
"La letra con sangre entra". Que es
lo que dicen ahora los bancos si nos despistamos un poco. Así pues, los profesores de los
colegios - que la mayoría de veces eran curas - infligían castigos puramente físicos y humillantes para que los niños aprendieran
la lección. Yo no estaba allí para verlo, pero leí los cómics de
Zipi y Zape que los ejemplificaban muy bien.
Por ejemplo, el castigo típico de la
época zipizapensa... Esta época no existe según los historiadores, pero si César Vidal se inventa la historia, yo también. A lo que iba. En la época zipizapensa los
profesores solían poner a los niños de rodillas en el suelo, unas orejas de burro o un capirote en la cabeza, los brazos en cruz y sujetando dos libros uno a cada lado. Seguramente en un lado la Biblia y en el otro el Quijote. Hoy en día si lo hiciesen pondrían
libros de Ken Follet. Un castigo que algunos consideraban cruel, pero los niños vigoréxicos lo consideraban
un entrenamiento. Otro castigo famoso de la época era el de hacer poner los dedos hacia arriba, juntando las yemas, para que el profesor, o la
dominatrix, póngase el nombre que quieran, les fustigase con una regla de madera. Y luego se preguntaban, ¿por qué los niños odian el colegio?
En mis años de jovenzuelo la cosa iba distinta, eran los 80-90 que fue la época en la que viví yo el colegio. Ahí nadie pegaba a nadie, ni profes a
alumnos ni alumnos a profes. Eso sí,
los alumnos entre sí todo lo que quieras y más. Y ese podía ser un motivo de castigo. Te podías pelear con fulanito por... Yo que sé. Porque sí, en el colegio no había motivos. Y hala, castigado. Te podían castigar también por otras maldades. Por ejemplo,
por no hacer los deberes. ¿Se habrá visto injusticia mayor? ¡Castigarte por algo que no has hecho! O también podía caer un castigo por insultar a otro:
"Pues eres... Pues túu... ¡Eres tontopelota! Ja ja, tontopelota, mira lo que se me ha ocurrido, eres tonto... ¡Y pelota! Ja ja, bota, bota, tontopelota" Una
gracia los niños para
hacer insultos... O bien por tirar bolas de papel envueltas en saliva para que queden enganchadas al techo de la clase. ¡Será por
inventiva infantil!
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| Fomentando la lectura |
Así que una vez decidido el motivo los profesores aplicaban el castigo. Podían castigarte de cara a la pared, cosa que
asustaba mucho a los niños de colegios de curas. Así se suponía que te hacían reflexionar sobre tus malas acciones aburriéndote mirando las telarañas de la clase. También te podían hacer copiar mil veces en la
pizarra:
"No volveré a tirar de las coletas de las niñas" o cosas así. ¿Qué tenían las coletas de las niñas para que todo el mundo tirara? ¿Era para ver si salía premio o algo? Y la que fastidiaba más era la de
quedarse sin patio. Te dejaban ahí, delante del profe, seguramente haciendo alguna tarea más como copiar mil veces
"no volveré a tirar mis mocos al niño de enfrente". Si los niños eran ingeniosos, los profes
no lo eran, ya lo digo ahora.
Y así se sucedían los distintos castigos para los malos comportamientos de los chavales. Eso sí, a cada uno en su colegio seguro que le aplicaban castigos de lo más
variopintos. Hoy en día, eso sí, los profesores son mucho más mansos. Bueno, si tuviéramos que creer las
noticias de Telecinco, la realidad actual es que a los profesores los castigan los niños. Es más, en magisterio
una asignatura obligatoria es Kung Fu y para las oposiciones piden como mínimo el dominio de alguna de las artes marciales más conocidas. Sí, se ha pasado de un extremo al otro. El niño pega al profesor, lo graba en vídeo con
su móvil de última generación y lo sube al Youtube. Y si lo expulsan del colegio entonces
quien le pega es el padre. Será una generación ejemplar, si el objetivo de la educación en este país es ganar el oro en judo en todas las olimpiadas a partir del 2016, claro.