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| Cada año hay que tener mejores pulmones |
Todos los cumpleaños caen en un día que es San Algo. Porque cada día es el santo de montones de nombres; que es como celebrar que alguien, hace muchos siglos, se llamaba igual que tú y murió de una forma horrible y dolorosa por su religión. Normalmente, estos santos pasan desapercibidos. Por ejemplo, si naciste en San Torcuato nadie sabe ni que existe gente que se llame Torcuato. Gente que nació de penalty y sus padres los odian, en su mayoría. Sin embargo, si naciste en Sant Jordi (San Jorge, Saint George o SanJoroña Giorgios para ser más internacional) todo el mundo tiende a preguntarte: "¿Y por qué no te llamas Jordi?" "¿Y por qué no te llamas tú Torcuato?"
Es lo que tiene nacer un día señalado: la gente nueva que te va conociendo te pregunta siempre lo mismo. Más que nada por lo extendido del nombre "Jordi" aquí en Catalunya. Para acabarlo de rematar, va Sant Jordi y cae en Sábado Santo, para santificar más aún mi cumpleaños. Si ya era poco señalado, que lo sea un poquito más. Yo no sé si los cumpleaños los celebráis con fiestas locas, alcohol, orgías y sexo a lo salvaje; pero un cumpleaños con tanto santo alrededor no puede ser una buena señal. Celibato a tope.
A pesar de que sea un año en el que mi cumpleaños sea especialmente señalado en el calendario, con tanta fiesta y tanta santidad, la gente tiene la tendencia a decirte siempre las mismas cosas cuando cumples años. Cuando cumplí 20 - ya ha llovido desde entonces - solían decirme: "Anda, mira, ya tienes un patito". Y cuando cumplí 22: "Anda, mira, los dos patitos". ¡Originalidad al poder! Ahora que cumplo 28 se limitan a decirme: "Anda, mira, qué viejo ya, ¿no?" Pero ninguno se acuerda del patito, y se siente triste porque sigue estando ahí. Pobrecico.
Pero es normal. Cada año cumplen años todos tus amigos e inventarte una felicitación nueva para cada uno cansa. Así pues hay dos tendencias habituales. Primero están los que te felicitan y son menores que tú, que te llaman viejo. Pueden hacerlo de forma sutil: "¿Dónde te has dejado el bastón abuelo? ¿Me oyes? ¡Viejales! ¡Vete a la obra a mirar lo que hacen! ¿Ya te jubilas?" O de forma más directa: "Ya mismo usarás viagra, ¿no? ¡Que ya se te caen las pieles! ¿Ya sabes bailar pasodobles? ¡En el Imserso hay viajes a Benidorm a buen precio!" En definitiva, no hay manera sutil de llamarte viejo, todas suenan igual de mal en tus oídos.
Los que son mayores que tú lo dicen de otra manera. Ellos saben que les gustaría tener tu edad y siempre dicen cosas como: "Ayy, 28, quién los pillara" Y algunas mujeres lo dicen de una forma que no sabes si están hablando de edad o de centímetros. Otros te dicen: "Uy, 28 ya, casi me coges, je je je" Cumplir años es una carrera por pillar a tus mayores y que los menores no te pillen, es algo que se aprende en estos días. Pero lo mejor son tus familiares cercanos, que viendo que tu número se acerca a la treintena - ¡pero aún no está ahí! - ya empiezan a decirte cosas como: "Yo a tu edad ya era padre" "A ver si sientas cabeza" "¡Cásate ya que quiero ir de bodorriogghhh!" O cosas por el estilo que normalmente hacen que huyas por la puerta a paso ligero. Un, dos, un, dos, un, dos...
Todo este rollo para decir que hoy es mi cumpleaños, que cumplo 28 y es el sexto año que los cumplo teniendo este blog. Así que es mi manera de compartirlo con vosotros. Os dejo, para acabar, con el monólogo que radié hace unos cuantos años en el que explicaba con pelos - muchos pelos, eran los ochenta - y señales cómo fue mi nacimiento. Ahí lo tenéis: [Monólogo de mi nacimiento]




