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23.4.11

Cumpleaños santo

Cada año hay que tener mejores pulmones

Todos los cumpleaños caen en un día que es San Algo. Porque cada día es el santo de montones de nombres; que es como celebrar que alguien, hace muchos siglos, se llamaba igual que tú y murió de una forma horrible y dolorosa por su religión. Normalmente, estos santos pasan desapercibidos. Por ejemplo, si naciste en San Torcuato nadie sabe ni que existe gente que se llame Torcuato. Gente que nació de penalty y sus padres los odian, en su mayoría. Sin embargo, si naciste en Sant Jordi (San Jorge, Saint George o SanJoroña Giorgios para ser más internacional) todo el mundo tiende a preguntarte: "¿Y por qué no te llamas Jordi?" "¿Y por qué no te llamas tú Torcuato?"


Es lo que tiene nacer un día señalado: la gente nueva que te va conociendo te pregunta siempre lo mismo. Más que nada por lo extendido del nombre "Jordi" aquí en Catalunya. Para acabarlo de rematar, va Sant Jordi y cae en Sábado Santo, para santificar más aún mi cumpleaños. Si ya era poco señalado, que lo sea un poquito más. Yo no sé si los cumpleaños los celebráis con fiestas locas, alcohol, orgías y sexo a lo salvaje; pero un cumpleaños con tanto santo alrededor no puede ser una buena señal. Celibato a tope.


A pesar de que sea un año en el que mi cumpleaños sea especialmente señalado en el calendario, con tanta fiesta y tanta santidad, la gente tiene la tendencia a decirte siempre las mismas cosas cuando cumples años. Cuando cumplí 20 - ya ha llovido desde entonces - solían decirme: "Anda, mira, ya tienes un patito". Y cuando cumplí 22: "Anda, mira, los dos patitos". ¡Originalidad al poder! Ahora que cumplo 28 se limitan a decirme: "Anda, mira, qué viejo ya, ¿no?" Pero ninguno se acuerda del patito, y se siente triste porque sigue estando ahí. Pobrecico.


Pero es normal. Cada año cumplen años todos tus amigos e inventarte una felicitación nueva para cada uno cansa. Así pues hay dos tendencias habituales. Primero están los que te felicitan y son menores que tú, que te llaman viejo. Pueden hacerlo de forma sutil: "¿Dónde te has dejado el bastón abuelo? ¿Me oyes? ¡Viejales! ¡Vete a la obra a mirar lo que hacen! ¿Ya te jubilas?" O de forma más directa: "Ya mismo usarás viagra, ¿no? ¡Que ya se te caen las pieles! ¿Ya sabes bailar pasodobles? ¡En el Imserso hay viajes a Benidorm a buen precio!" En definitiva, no hay manera sutil de llamarte viejo, todas suenan igual de mal en tus oídos.


Los que son mayores que tú lo dicen de otra manera. Ellos saben que les gustaría tener tu edad y siempre dicen cosas como: "Ayy, 28, quién los pillara" Y algunas mujeres lo dicen de una forma que no sabes si están hablando de edad o de centímetros. Otros te dicen: "Uy, 28 ya, casi me coges, je je je" Cumplir años es una carrera por pillar a tus mayores y que los menores no te pillen, es algo que se aprende en estos días. Pero lo mejor son tus familiares cercanos, que viendo que tu número se acerca a la treintena - ¡pero aún no está ahí! - ya empiezan a decirte cosas como: "Yo a tu edad ya era padre" "A ver si sientas cabeza" "¡Cásate ya que quiero ir de bodorriogghhh!" O cosas por el estilo que normalmente hacen que huyas por la puerta a paso ligero. Un, dos, un, dos, un, dos...


Todo este rollo para decir que hoy es mi cumpleaños, que cumplo 28 y es el sexto año que los cumplo teniendo este blog. Así que es mi manera de compartirlo con vosotros. Os dejo, para acabar, con el monólogo que radié hace unos cuantos años en el que explicaba con pelos - muchos pelos, eran los ochenta - y señales cómo fue mi nacimiento. Ahí lo tenéis: [Monólogo de mi nacimiento]

12.4.11

Un helado siempre se agradece

Cuando era pequeño, el máximo temor que tenía, aparte de mearme en los pantalones, era qué se me cayera la bola de helado al suelo. Sí, miedoso que es uno. Es la primera sensación de impotencia que tienes en la vida. Mucho antes de que llegue la edad de la viagra.


A veces cogías el helado con tanta ansia, que al darle el lametón, zas, ¡bola va! Y una hormiga que pasaba por allí o se daba un banquete o moría de forma muy dulce. Dependiendo de lo que te conociera el heladero te podía dar uno nuevo gratis. Era la única manera de conseguirlo sin pagar. A no ser que fueras de los que abría la nevera de los polos y luego salía corriendo...


Hablando de helados. No sé sí conoceréis la marca Ben & Jerry's. Aunque lo parezca no es una nueva serie que montó el archienemigo de Tom cuando se hartó de darle por saco. "Ben & Jerry se van de picnic". No. Sino que fue que Jerry vio negocio y montó una heladería. Bueno, tampoco.


A lo que iba. Ben & Jerry's son ese heladero molón que te da un helado gratis, pero sin esperar a que se te caiga. Por eso han montado esta campaña en la que te dan un helado gratis hoy. Sé que es tarde, pero después de cenar también apetece uno. Si quereis más información tenéis su página de Facebook. Eso sí, no busqueis el sabor a fabada que no lo tienen.


P.D: Este post está patrocinado, pero casi no se nota. Y lo he escrito desde el móvil en el tren, algo que me sirve para replantearme lo de escribir posts entre semana mientras vuelvo del trabajo...

10.4.11

Los regalos por puntos de los bancos

¿La bolsa o la vida?

Relacionar la palabra "bancos" con "regalos" es todo un atrevimiento por mi parte. Si hay unas entidades dispuestas a regalar pocas cosas son los bancos y las cajas. Sólo hay que ver cómo retienen a los bolígrafos que te dejan para firmar. Ahí, atados a la mesa. Seguramente con un ancla de diez toneladas debajo, por si a alguien se le ocurre arrancar el cable de acero que sostiene el boli a salvo de gorrones. No se vayan a arruinar los pobrecitos. En uno le pusieron una alarma como las de los móviles del Media Markt. "¡Encima que firmo la hipoteca me toman por ladrón!" - Sollozaba un padre de familia. En definitiva, los bancos son de la virgen del puño por regla general, pero para lavar su imagen tienen lo que se llama: los regalos por puntos.


Los bancos regalan cosas por norma general para captarte como cliente. Te llaman con cantos de sirena: "Tenemos un ordenador pa tiiii" "Teeeeneeemosss una equisbooossstrescientossesentaaa" "Tenemos ganasss de comerte los higadilloooossss, uy perdón, esto no era". Tú entonces picas y domicilias tu nómina en ese banco tan generoso que te da un regalito sólo por poner tu dinerillo allí. Pero una vez ya te han captado, pagan con creces ese regalito tan altruista que te hicieron al pasarte a su banco. Comisiones de tarjeta, comisiones por transferencia bancaria... Te dan tanto por culo con las comisiones que al final les terminarán llamando no comisiones, sino comisioneros.



Así pues, para que no te des demasiada cuenta de la sangre que te están chupando continuamente, te ofrecen unos regalitos en forma de transfusión consumista. Por cada compra que hagas con tarjeta, el banco te dará unos puntitos que una vez acumulados podrás canjear por maravillosos regalos como una espumadera, un mondador de dientes o una libreta de Bob Esponja. También regalan teles, pero para conseguirla por lo menos tienes que haber comprado un yate a toca teja con la visa. Vamos, que esa pobre persona que se compra un yate sin necesidad de pedir crédito, dice: "¡Anda! Por fin consigo la tele con los puntos, no llegaba a fin de mes y ahora por fin podré ver el fútbol en casa y no desde el cristal de fuera de la taberna de Paco". Lo típico.


Esto puede provocar no pocos obsesos del pago con tarjeta. Que hay algunos que pagan el pan con la visa con tal de acumular unos puntitos más. ¿Y tanto esfuerzo para qué? Si la mayoría de regalos que se pueden conseguir con los puntos son objetos chorras. Que yo que creo que los inventan nada más que para regalarlos con los puntos porque no hay manera de rentabilizarlos en una tienda. Hay moldes para hacer bombones; abridores multiusos que tanto te abren una botella como te cortan las uñas de los pies; un conservador de hierbas aromáticas; dispensadores de cápsulas de café... ¿Quién inventa estas cosas? ¿Un prejubilado de Televisión Española? 


Cuando la nevera ya no es
suficiente
Posiblemente, muchas personas preparan su ajuar con estos fabulosos objetos que regalan con los bancos. De vez en cuando se encuentra algún utensilio apañado que ni te imaginabas que existía. Como los enfriadores de botellas. Que también existen las neveras es algo que quizá el inventor no sabía, pero ahí están, cumpliendo una función. Cualquiera que sea ésta. En definitiva, pasearte por el catálogo de regalos del banco es como caminar por los pasillos de un bazar chino, en el que hay un montón de cosas que parecen útiles que al final nunca compras; pero eso sí, en el catálogo del banco no te vigila un señor como si fueras un ladrón en potencia: aquí los ladrones habituales son ellos.


Mientras tanto van dando sus regalitos a los clientes que desgastan más la barra magnética de la tarjeta de crédito, los bancos y cajas siguen haciendo esa gran obra social llamada usura. Esa que hace que la gente que no puede pagar el piso en el que están viviendo, no sólo se lo embargan; sino que además le mantienen la deuda. Lo que se viene llamando ser puta, poner la cama, que te revienten el culo y luego se te meen encima. Pero eh, se consiguen unos conjuntos de ollas que van la mar de bien para cuando vienen visitas. Son muy majos. En serio.
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