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28.6.11

La letra de los médicos

En árabe se entendería mejor



Se están perdiendo las buenas costumbres. Y no, no me voy a poner a reivindicar el pasado a lo bruto como un tertuliano de Intereconomía cualquiera. Hablo de las recetas médicas. Ahora a los doctores les ha dado por pedir los medicamentos por ordenador y con colocar una pegatina con el nombre en la receta ya tienen suficiente. ¿Y la magia de escribir a mano? Esa sensación de estar tan alejado de los conocimientos médicos que con solo mirar la receta ya digas: "Ah, es que esto solo lo entienden ellos, él sabe el medicamento que me manda, de mi médico me fío como el Caserío". Ahora nada, ni magia ni leches. Te ponen la receta clarita y puedes buscar el nombre en Internet, desconfiar del médico por comentarios en hipocondriacosenestadomuygrave.com y que te aparezcan 20 síntomas nuevos que jamás habías notado.


La receta que mejor funciona
El caso es que antes esto no pasaba por una sencilla razón: no entendías ni papa de lo que ponía ahí. Yo muchas veces pensaba que el médico me estaba firmando un autógrafo, el muy endiosado, y algún día terminaría dibujando encima un corazoncito: "Con cariño, para el paciente con el resfriado más leve que he visto, recupérate pronto" Y debajo la firma. No era un nombre de receta, ¡era un garabato! Que lo entendería mejor si me dibujaba la pastilla y la buscaba una a una abriendo todas las cajas de la farmacia. 


Lo más soprendente era cuando llegabas a la farmacia. La farmacéutica miraba la receta y de un vistazo salía rauda y veloz hacia la botica a coger lo que te había mandado el médico. O no, a lo mejor se lo inventaba y te curabas igual. Siempre he pensado que la gente que estudia farmacia tiene poderes especiales y seguramente una de las asignaturas sea grafología. De ahí se explicaría que algunas farmacias ahora les dé por enchufarte "medicamentos" homeopáticos. Por otro lado, es posible que alguna asignatura fuese arqueología, por aquello de descifrar jeroglíficos. Uno lo hizo de verdad para recetarle algo a alguien con un cólico nefrítico que prefirió llamarlo "cólico nefertítico" Y se reía solo con su propio chiste en la soledad de su consulta.


Pero los que de verdad debían de tener una asignatura de caligrafía, digamos, especial, serían los propios médicos. Ahí el que escribiera bien tendría los días contados. Debe de ser duro, sobre todo para las doctoras, que las mujeres siempre tienen mejor letra. Yo me imagino al típico padre médico que quiere que su hijo siga sus pasos. Y ahí el pobre chiquillo, aprendiendo a escribir y la madre en casa al ver la letra del niño gritaría: "¡¡Oiii, pero qué bonita letraa de mi niño!!" Para acto seguido escandalizarse: "¡Vergüenza te tendría que dar! ¡Así no vas a llegar a nada! Mira tu padre, ¡¡una eminencia!! ¿Y has visto que alguna vez escriba bien? ¡¡NO!! ¡No se entiende una mierda! ¡Cuando le dejo hacer la lista de la compra para la cena termino comprando en la ferretería!" Y el niño desheredado por hacer buena letra.


Pero esto ya ha cambiado. A nadie le hacen ser un don nadie por escribir bien. Aunque, sin ir más lejos, los profesores de universidad tampoco es que sean unos hachas a la hora de escribir. Es más, el día que descubrieron el PowerPoint se olvidaron de escribir y cuando escriben en la pizarra solo hacen lineas rectas. Luego la gente se duerme en clase y con razón. Eso sí, con los médicos ahora podemos estar tranquilos. Nuestra salud está a salvo de equívocos por culpa de la letra aunque, gracias a los avances tecnológicos, en cuanto haya algún fallo a la hora de recetar un medicamento la culpa se la llevará el virus. Pero el informático.

24.6.11

Aguantar a los suegros (encuesta acabada)

"Así que tú eres el novio de mi hija..."
Antes de terminar la frase ya estás cagao

Aguantar a los suegros es algo muy incómodo si pesan mucho. Y aguantar lo que puedan decir también, pero sin  que tenga nada que ver ahí la masa corporal. Los suegros son el peligro constante de toda relación de pareja que termine en una larga convivencia. Pueden ser la mar de simpáticos, pero también pueden ser el mal que acecha y convertirse en el tema estrella de las discusiones de pareja. "¡Que iba a saber yo que tu madre era una MILF!" Poner los cuernos con la madre de tu novia, puede pasar. Todo este rollo viene a que la encuesta se ha terminado y los resultados están aquí. Ahora sabremos si vosotros tenéis aguante; o suegros ideales; o habéis llevado al límite el piropo de suegras por excelencia: "¿Tu madre? Yo pensaba que era tu hermana". Vamos allá.


En total ha habido 476 votos. Algunos más que en la última encuesta de superar la resaca. Y la opción más votada ha sido... Que depende de lo que quiera a la pareja. Es decir, 95 personas, si están con una pareja a la que no quieren mucho, a los suegros no los aguantan. Lo que es curioso es que los lectores de esta web, posiblemente de forma inconsciente, están diciendo que a lo mejor están con una pareja que quieren solo un poquito. Y entonces a los suegros los va a aguantar su tía la calva. ¿Pero a una pareja a la que quieres "un poquito" llegarías a conocer a los suegros? Esa es una duda que podrían resolverme los que han votado esta opción...


Hay otra gente que es mucho más sufrida y aguantarán a los suegros lo que haga falta. Que para eso están con su pareja y si los suegros les dan la vara, se aguantan, hacen el papelito y para casa que es tarde. Esos 92 pueden terminar teniendo a sus suegros viviendo en casa y ordenando desde su poltrona todo lo que se ha de hacer y cómo. "¡Ese sofrito está mal hecho! ¿Quién te ha enseñao a cocinar así? ¿Así limpias tú? Pero si esto tiene más mierda que tó" Y si es el suegro puede ser peor: "Mientras yo esté en casa, nadie se folla a mi hija" Y lo tenéis toda la noche haciendo guardia en la puerta de la habitación. Si encima es suegro y jubilado, no tendrá problemas de aguantar ahí. Ánimo a esos votantes.


A veces los suegros pueden ser cansinos con sus nueras o yernos y a la vez con sus propios hijos. Pero a veces éstos la toman con ganas con la nuera o el yerno. Solamente. Y la pareja puede que haga oídos sordos. "Naah, mis padres son así, no les hagas caso" Y mientras tanto los padres van soltando sus puyitas constantes: "Mileurista, ¿eh? ¿Así vas a criar a mis nietos? Si hubieras estudi... Digo, si hubieras sido futbolista..." Así que hay 79 personas que son capaces de aguantar esto, si la pareja sale en su defensa. Sino, puede que manden a la pareja, al padre, a la madre y al diario Marca a tomar por culo.


Aunque es posible que los suegros sean encantadores y no den problema alguno a la pareja. Todo puede ser. Lo que pasa es que algunos lectores de esta web no lo creen. Es más, en este momento actual están sufriendo unos suegros cabroncetes que les hacen la vida imposible. Esta es la única manera de explicarse que haya 69 personas que estén buscando un arma para vete a saber qué escabechina hacer. Y hay 53 que lo que quieren es dar un traguito de cianuro y terminar ya con este sufrimiento por la vía rápida. Pronto los suegros vendrán como el tabaco: con avisos sobre su peligrosidad para la salud.


Pero muchos de nuestros lectores, 88 nada menos, creen que vivirán mejor en la soltería y ni quieren pareja estable ni suegros ni nada que se le parezca. O quieren, o creen que ese será su estado civil en el futuro. A lo mejor, incluso, refinan su capacidad de evitar a suegros y en cuanto una relación llegue al punto de: "Hoy te voy a presentar a mis padres" huyan por la puerta como si les fuera la vida en ello. Y si pasa justo después de besarse por primera vez, con más razón. Dicho esto, no queda otra que dejaros una nueva encuesta para seguir votando. Esta vez tiene que ver con el mundo de la informática casera: ¿Qué hacéis cuando os quedáis sin tinta de color en la impresora? ¡Ale! ¡A votar que es tarde!

11.6.11

Comer frutos secos en el bar


Generan hambre sin tenerla

Cuando acudimos a un bar - si ya hemos superado la fase adolescente de ponernos ciegos diez minutos después de pasar la puerta - nos bebemos una copa o dos según las ganas y la economía de cada uno. Si mientras hacemos eso, nos quedamos ocupando una mesa durante dos horas, al dueño del bar se le hinchan los cojones. A veces hasta literalmente. Y explotan y lo ponen todo perdido, un desastre. Cuando lo aguantan con resignación, mientras ven como los clientes nuevos se van porque el bar está lleno, usan una táctica ancestral: Poner frutos secos encima de la mesa. Porque pegar garrotazos dejó de estar bien visto en el siglo XIX.

Aprovechando que somos golosos por naturaleza en cuanto nos ponen por delante algo gratis, nos colocan unos cuantos frutos secos en un cuenco pequeño para que vayamos zampando. Todo esto forma parte de un plan maquiavélico minuciosamente preparado basado en una premisa fundamental: los frutos secos dan sed. Oh. Un pensamiento brillante. Así pues no ponen los frutos secos justo al pedir la primera copa, no. Los barman más avispados colocan "el Bol de la Sed" cuando la copa está llegando a su fin. Y me estoy volviendo pureta porque digo "copa" en vez de "cubata".

Eso sí, no contaban con la astucia de los más tacaños de la ciudad. Esos que se están muriendo de sed porque el sabor de los kikos y cacahuetes les está abrasando la garganta, pero en vez de pedir una nueva copa... ¡Se beben el hielo derretido del vaso! Los ves ahí apurando una gota más... Solo les falta coger una pajita y sorber haciendo el ruidito brrsssgbbbrr que tan agradable es para el oído. Deberían hacer una canción del sorbo. Georgie Dann en sus mejores épocas lo hubiera hecho: "¡El sor-bito! ¡El sor-bito! ¡Como me gusta! ¡Tan sorbidito!" El caso es que para este tipo de clientes tacaños los camareros lo tienen todo pensado: frutos secos picantes. Ya tiene que ser tacaño para que deje que su garganta se le ponga en carne viva antes de pedir ni tan siquiera un agua. "Frutos secos con wasabi camuflado, nunca falla" Que dirá algun barman experimentado.

La mayoría de la gente sucumbe y pide la segunda copa. Haciendo del ofrecimiento gratuito de frutos secos un negocio la mar de rentable. La cuestión es que muchas veces metemos las manos en esos frutos secos sin saber de donde vienen. ¿Cuántos de vosotros habéis comido de un cuenco de frutos secos que estaba ya antes en la mesa? Que vienen los quicos ya resobaos y pegajosos de las distintas manos que han pasado por ahí. Como la de ese amigo que tiene la manía de coger un puñado, guardárselos en la mano y cuando se le termina el hambre abre la mano y te dice: "No quiero más, los dejo ahí para vosotros". Ala, el cacahuete sudado. Más saladito que nunca. En sus mejores supermercados.

No sólo hay cacahuetes y kikos, eso sí. Hay algunos kikos que sufren de gigantismo y están enormes. Hacen que cuando mastiques uno retumben las paredes. Y también hay garbanzos. Sí, aunque la gente los ignora y los deja ahí, muriéndose de asco los pobrecicos. Que algunas veces, en un claro caso de desesperación, los propios garbanzos han levantado un posavasos y han escrito: "Nacimos para ser comidos, ¡racistas!" Pero en realidad solo sirven para ser lanzados de mesa a mesa cuando el aburrimiento hace acto de presencia. Y luego está el fruto seco misterioso. Que es alargado, plano y la gente lo mira con desprecio. "¿Esto qué es?" "No sé, déjalo ahí con los garbanzos, alguien se lo comerá, alguien con mucha hambre" Y ahí que quedan abandonados.

Y ahí se quedan, en el Bol de la Sed, junto a esos cubatas con el hielo deshecho, excepto del de los amigos tacaños, acompañados al cerrar el bar. Siempre y cuando no aparezca alguien tiquis miquis y le dé igual comerse unos garbanzos abandonados. Pero si la gente no se come los garbanzos es por lo que voy a decir ahora. Aparece el camarero y... ¿Tirará los garbanzos a la basura? Seguramente sí, porque... ¿No los irá a poner en la bolsa con los demás frutos secos, no? ¿Verdad que no? ¿Verdad? No creo, ¿no? Pensadlo mientras os coméis uno de esos cuencos. O mejor no.
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