Estudios canadienses de postín han revelado en numerosas ocasiones que durante toda nuestra vida nos pasamos esperando un cojón de meses a otras personas. O en la sala de espera de un
médico, o en un andén del tren. Cuando terminaron el estudio
se quedaron a gusto. Vino el jefe del proyecto:
- "A ver, díganme sus conclusiones. Este estudio nos ha costado treinta mil millones de dólares."
- "La gente espera mucho"
- "Mejor eso que ser limón"
El nivel del estudio está al mismo nivel que los chistes, eso ha quedado claro. Ya lo decía
Einstein: el tiempo es relativo. O no decía eso, pero todo el mundo usa al pobre hombre para decir esa frase. Cuando esperamos a alguien el tiempo pasa
a velocidad de tortuga. Es un auténtico coñazo. ¿Cómo podemos evitar tener que esperar a los tardones que nunca llegan a la hora acordada? Fácil,
siendo uno de ellos. Si no puedes con el enemigo, hazlo esperar también.
Hay gente que lleva el nivel de tardonismo (esta palabra no existe, pero da igual) a cotas superiores. Tengo un amigo que tiene una tendencia natural a llegar siempre tarde a los sitios. La pregunta es evidente:
- "Oye, tío, ¿por qué llegas cada día tarde?"
- "No, perdona. Yo soy puntual. Siempre llego media hora exacta tarde".
Cada uno tiene su definición de
puntualidad. Y también hay quien tiene un morro que se lo pisa, lo patalea y se hace cortinas con ellos.
"¡Qué cortina más roja tienes!" "Fsfon mifs mforros" En fin,
mucho morro.
Son gente que siempre tiene tiempo para hacer algo más antes de irse de casa. Por ejemplo, no hay nada peor que tener una novia tardona.
- "Ya va, ya va, me pongo los pendientes y nos vamos"
- "Cariño, ya vamos media hora tarde"
- "Ay, el rimmel, sabía yo que se me olvidaba algo"
- "Cariño, tengo rampas en los gemelos de esperar de pie"
- "Ya está, ya está, joder qué pesado. Siempre igual. ¡Tampoco he tardado tanto!"
Y luego en el restaurante unas malas caras, unas barbas blancas de ermitaño... "¿Por qué nos miran tan mal, cariño?" Y no la matas porque está feo.
Yo soy todo lo contrario, si alguien leyó
la ficha técnica que me hicieron hace años sabrá que soy de esas personas que llegan nueve horas antes a los sitios. No es que me guste esperar, es que
odio llegar tarde. Un día, hace cinco o seis años, estaba en la estación de Sants de Barcelona. Al cabo de unas horas se me acercó un empleado de Renfe y me dijo:
- "Tengo curiosidad, lleva usted muchas horas aquí esperando y no ha cogido ningún tren. ¿Cuál tiene que coger?"
- "¡Pero si aún no se han hecho las vías!"
No me gusta llegar tarde, es una cosa que tengo. Hablar de
Renfe y puntualidad es muy adecuado. Esta empresa, al ver los problemas graves que tenía de puntualidad, tomaron una medida para que nunca jamás llegaran tarde sus trenes:
atrasaron los relojes de las estaciones. Y aún así llegaban tarde. Ya por vicio. Lo que pasa es que precisamente el día en el que vas justo de tiempo y no llegas a tu hora, va el tren y llega puntual a la perfección. Lo que viene a ser
Ley de Murphy o lo que ya es llamado
Síndrome de Renfe aplicable también a tus amigos.
Sí, porque un día tienes un amigo tardón. Siempre
llega tarde a los restaurantes cuando quedas. Que le tienes que estar haciendo
llamadas perdidas a cada momento, en plan desesperado. Porque esto es así: una perdida significa date prisa. Dos: la comida se va a enfriar. De tres para arriba: te vamos a matar entre todos, incluidos los camareros que quieren cerrar pronto. Pero va y un día
te estás tirando a su novia y ¡llega pronto a su casa! Que llega, os pilla en la cama y dice:
- "¿Pero esto qué es?"
- "¡Eso digo yo! ¡Para un día que tienes que llegar tarde va y llegas a tu hora!"
En definitiva, sea como sea, la puntualidad es una gran generadora de conflictos...